Al final, Esparza se ha decidido a poner el cascabel al gato y confirmar el final definitivo del fiasco que ha sido Navarra Suma como proyecto político en Navarra. La crónica de una muerte anunciada casi a los pocos meses de su nacimiento que ha estado deambulando como un cadáver político por los pasillos del Parlamento foral y poco más estos cuatro últimos años. De hecho, la comparecencia pública de Esparza acompañado de todo el comité de ejecutivo de UPN para trasladar una imagen de cierre de filas alrededor de esa decisión fue en realidad la imagen de un funeral. Todos, empezando por el mismo Esparza, cabizbajos. El final de Navarra Suma, la coalición que aglutinó en 2019 a las fuerzas de la derecha en Navarra, ha sido como su comienzo, un torpe despropósito. Esparza se inventó la fórmula de la mano del entonces boyante en Madrid proyecto de Ciudadanos de Albert Rivera dejando fuera en un primer momento a su socio tradicional del PP, al que finalmente invitaron de una forma humillante a sumarse por la puerta de atrás. El pacto con Rivera se acabó casi al mismo tiempo que se firmó y tras las elecciones y el fracaso de Esparza en su intento de recuperar el Gobierno de Navarra, la coalición ha sido un lastre permanente que no ha aportado nada al devenir de la política navarra y menos aún a los intereses generales de Navarra. Su final ha sido igual de penoso: Esparza ha ido por su lado, ha anunciado su decisión al margen de sus socios y, según dice él mismo, con el aval de los resultados de una encuesta hecha hace un par de meses. Navarra Suma ha desaparecido y ninguno de sus votantes sabe cómo ha sido. Diseñar estrategias políticas a golpe de encuesta suele acabar mal y nada indica que esta vez vaya a ocurrir lo contrario. Según Esparza, romper Navarra Suma y alejarse del discurso de Madrid facilitará a UPN obtener mejores resultados en 2023 –su suelo está en 15 parlamentarios desde 2015–, y poder robar voto socialista al PSN. De lo primero, parece difícil mejorar esos 15 escaños con la fragmentación electoral de las derechas en las elecciones de mayo, donde concurrirán al menos tres listas: UPN, PP con el añadido posible de los votos regionalistas que puedan arrastrar los ex diputados Adanero y Sayas si se suman a los populares, y Vox. Sin contar los restos de Ciudadanos. Alejarse de Madrid es una notable contradicción con lo que ha sido el discurso del mismo Esparza a sus bases desde allí manipulando y ensuciando la imagen de Navarra cada vez que ha tenido una oportunidad mediática en los últimos ocho años. Llega tarde al presente. Y lo de robar voto socialista es algo que UPN lleva intentando elección tras elección desde tiempos de Sanz, incluso presentando a ex dirigentes socialistas pidiendo el voto para su lista, con poco éxito. Dudo que esta vez sea distinto por mucho que no hable de otra cosa que no sea de EH Bildu. Es cierto, en todo caso, que el cambio táctico facilita margen de maniobra a UPN en Navarra, pensando creo incluso más allá del PSN, aunque tanto si sueña con un golpe interno en el PSOE que descabalgue a la dirección del socialismo navarro como en otros acercamientos políticos en Navarra, sus posibilidades, hoy al menos, son pocas. Quizá me equivoque, pero creo que esta vez a la tercera tampoco va a ser la vencida. El tiempo y las urnas dirán.
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