Síguenos en redes sociales:

Por comentar

Javier Encinas

De la crispación hasta la derrota final

De la crispación hasta la derrota final

‘Pamplona no se vende’ es el lema escogido por UPN para la concentración que ha convocado este domingo en contra de la moción de censura. Un eslogan nada original. El mismo que utilizó Sanz en 2007, cambiando el sujeto por Navarra, cuando organizó la movilización contra Zapatero. En definitiva, es el comodín al que los regionalistas recurren cada vez que optan por la crispación social como forma de canalizar su propia frustración. Otra versión de las advertencias que hacen, con ensoñación enfermiza, de que Navarra va a desaparecer, pese a que apenas queden ya ciudadanos en la Comunidad Foral que compartan semejante dislate.

Y por mucho que la derecha grite, insulte, se enfurruñe, salga a la calle, calumnie o tache de terrorista a Asiron, lo que va a suceder en Pamplona es una iniciativa con indudable label democrático que tiene un objetivo plausible. Se trata de reactivar la capital del viejo reino, antes de que definitivamente entre en el mismo bucle de la inoperancia en el que Maya la tuvo en los dos mandatos que presidió la Corporación y en el que la ha sumido Ibarrola en estos seis meses de parálisis.

La desmedida respuesta de Esparza a la moción de censura no le va a salir gratis. La imagen de UPN abandonando el Parlamento después de insultar al adversario pasará factura a su principal responsable, que no parece ser consciente de que se está achicharrando cuando tan solo faltan unos meses para el congreso en el que los regionalistas tendrán que designar a la persona que tome las riendas para los próximos cuatro años. Si en tan corto espacio de tiempo no cambia el escenario, UPN llegará a su trascendental cita autoaislado y sin que se atisbe en el horizonte la más mínima posibilidad de volver al poder.

En menos de un año, Esparza ha dinamitado la alianza que tenía con las derechas en Navarra Suma –lo que le relegó al cuarto puesto en las elecciones generales de julio por detrás del PSN, EH Bildu y PP– y ahora rompe todas las relaciones con el PSOE. Alguien tendrá que poner orden en esa casa mientras sus principales caras visibles –Ibarrola incluida– caminan desde la crispación hasta la derrota final.