Cabría pensar, por pura lógica, que la Liga de Campeones es un sistema cerrado en el que la suma de alegrías y tristezas da cero, pero vemos las reacciones de unos y otros y no lo tenemos tan claro: Manchester City, Barça y Atlético se van en cuartos con el rabo entre las piernas; al PSG (y a Mbappé, y a Luis Enrique) le cae la del pulpo por perder en semifinales ante el Dortmund, como si fuera poco estar entre los cuatro mejores de Europa; y el Bayern se marcha también en semifinales cabreado como una mona con la actuación arbitral.
Mucha tristeza tendrán que compensar la alegría del Dortmund, por verse en su tercera final y quizás ganarla, y la del Real Madrid, que solo será feliz si gana el título, porque todo lo demás le sabe a poco de tanto haberlo paladeado tras haber vencido 14 veces. O en todos esos clubes falta humildad, o deportividad, o un análisis más riguroso de cuál es su lugar en el universo del fútbol europeo.