Han sido mayoría absoluta los entrenadores y jugadores que, cuando les han pedido su opinión, han declarado que habrían preferido no jugar la jornada de fútbol de este fin de semana, en muestra de respeto y de dolor por las víctimas de la DANA. pero la cosa ha ido adelante, salvo en el caso de los clubes directamente afectados, y está claro que el motivo no es falta de empatía de LaLiga ni nada por el estilo, sino algo mucho más prosaico: no hay fechas disponibles para nada, ni siquiera para el más mínimo gesto de solidaridad.
El fútbol profesional se ha ido encorsetando a sí mismo, y cada suspensión y cada aplazamiento –sobre todo si afecta a los equipos que juegan en Europa– se convierten en un quebradero de cabeza para esos clubes y para LaLiga. Mal asunto éste de no tener margen de maniobra por esa ansia codiciosa de saturar el calendario.