Hay gente que cumple a la perfección el rol de ser más papistas que el papa. Más rígidos que un poste, dogmáticos hasta el ridículo. Los encuentras en la política, en la izquierda y derecha, pero también en el conjunto de la sociedad civil. Son como monjes de clausura del cuanto peor mejor. Hay tipos que hoy apoyarían a Franco o la vuelta de ETA, que deportarían a todo cristo, que irían más lejos que Hamás o que Netanyahu, que justificarían cualquier barbaridad, y se pondrían a las órdenes del fanático de turno. Ojo a esa gente embrutecida, que cada vez es más visible.
Un comedero
Las redes sociales un abrevadero para quienes se creen en posesión de la razón (y la IA va a ser un antes y un después en la inflada de egos). Así que lo esencial es mantener una dieta equilibrada. Si la comida industrial acabase con la repostería la fruta y verdura tendríamos un colosal problema de salud pública. Con la información pasa parecido.
“La prensa libre e independiente, del color que sea, es uno de los requisitos de la democracia liberal”, recuerda el periodista Enric González. Sobre la crisis de la intermediación se nos advertía hace lustros y ahora es la propia democracia la que está en juego. Como indica la exparlamentaria navarra María Jesús Valdemoros, ahora residente en Estados Unidos, está aflorando un escenario donde la “defensa de la democracia se vuelve selectiva y contingente, subordinada a cálculos de poder”. No lo dice una persona sospechosa de ser de la izquierda asamblearia. Quizás si los dirigentes europeos entienden que Trump puede dejarlos en ridículo reaccionen. Nadie quiere pasar a la historia así.
Una pausa
Cambiando de asunto. Ante una tragedia como la de Adamuz ha imperado una tregua momentánea. La refriega continua debe tener sus pausas. La prudencia representa un valor político fundamental. No siempre es pertinente confrontar, estirar de la cuerda o captar la atención. La dinámica de derribo es grasienta y la presión arterial tiene límites. Hemos pasado unos días en la lógica del duelo, pero volverá la hipertensión.
Los bebés que nacieron cuando la crisis de Lehman Brothers van a cumplir 18 años. La generación crítica alcanza la mayoría de edad
Cálculos estructurales
La democracia necesita estructuras reforzadas de decencia y de respeto. Nuestra prosperidad también es fruto del nivel del debate público, de una prensa rigurosa, de la convivencia y la inteligencia colectiva ante un mundo muy complejo. La realidad tiende a superarnos, y para evitar más delirios o extravíos se requiere de altos niveles de cooperación. Vivimos en un enjambre de opiniones pero somos frágiles e interdependientes. Cuidado pues con los depredadores dedicados a enmerdar.
De crisis en crisis
En vez de extraer más enseñanzas de la pandemia vírica que nos azotó no hace tanto nos ha quedado un barrizal, y así nos va. Por cierto, los bebés que nacieron cuando Lehman Brothers cumplen en septiembre 18 años. La generación crítica alcanza la mayoría de edad tras entrar en crisis el sistema democrático. Casi nada. Son los nuevos y nuevas votantes, habitantes de un mundo digital, embelesados ya en el espejito mágico de la IA, y no es para menos. Jóvenes ante un tablero neoimperial, una Europa con dudas existenciales, nuevas luchas de clases y mucho escepticismo y exhibicionismo fácil. Un escenario propicio para los más papistas que el papa, que andan sueltos a la búsqueda de su oportunidad.