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A PROPÓSITO

Jesús Barcos

El sexenio rojo

El sexenio rojoBorja Sanchez-Trillo (Efe)

La ultraderecha es como los alucinógenos, la voten mil personas o millones de individuos. Ahora hay quien apunta a Letizia como especie de roja peligrosa. ¡A la reina Letizia! El integrismo siempre desconfió de una monarquía que no le baile el agua. Nada nuevo bajo el sol. Los ultras ven enemigos, sospechosos y traidores por todas partes. Eso incluye a Letizia, al PP y al Papa de Roma, imprimación antisistema muy del gusto falangito. Mientras tanto la política estatal sufre una clamorosa fatiga de materiales, envuelta en una espesa nostalgia que el señor de los bonsaiscultiva con auténtica dedicación. Hace medio siglo los nostálgicos apenas salían del búnker; ahora van zumbando su resquemor en cada esquina, mientras parte de la izquierda anda lastimera, otra no quiere enterarse de nada y otra saca la calculadora.

¿A ninguna parte?

En Podemos son como los guardametas en el declive de su carrera. Tienen la espalda como una tabla, no salen del área chica, se tiran tarde de palomita, pero hacen muchos aspavientos para congraciarse con la afición. Qué tiempos cuando Podemos era todo reflejos. Ahora despeja mucho de puños, como si le quemase el balón; su plenitud fue breve y hace mucho. Aquella quinta que quería conquistar los cielos a base de audacia y talento ha pasado a la historia. Casi como Sumar, que se creía un portento y ha sido de tragarse goles haciendo la estatua. Esa confluencia se lanza ahora al gatopardismo. Esta vez, se supone, sin el relumbrón directivo de Yolanda Díaz, experimento hecho añicos, promovido en su día por Podemos y luego por Izquierda Unida. Por cierto, IU cumple 40 años en abril. Los mismos que que hará Eusko Alkartasuna en septiembre, formación sumida en la irrelevancia y con gotero, absorbida como una antigua caja de ahorros en EH Bildu.

En Podemos son como guardametas en declive. Se mueven tarde y mal, pero hacen muchos aspavientos para congraciarse con la afición

Desencantada

Volviendo a Díaz y compañía, si les apetece ahondar en la crisis de los sumandos, Violeta Serrano, candidata independiente al Congreso por Sumar en 2023, publica con EspasaEl desencanto de los revolucionarios. Cómo la izquierda ‘transformadora’ española pulverizó la esperanza de cambiar un país.

Serrano, nacida en 1988, es directora de un máster en escritura e Industria Literaria y articulista. Fue asesora de Sumar y de la propia Díaz. Hoy critica la falta de concreción estratégica y de conexión del proyecto y sentencia que la “izquierda española repartida entre tantos trocitos es de una inutilidad manifiesta” ante una generación “educada en el deseo”, enfrentada a “problemas existenciales”.

¿Fin de ciclo?

La izquierda no ha estado a la altura de sus propias expectativas. El sexenio 2020-2026 ha decolorado a todos. El magenta de Sumar, como heredado de UPyD, era un mal presagio. Y autodenominarse Movimiento ni les digo. La izquierda dejó de ser nueva y se creyó estupenda. Ahora la novedad la representa Vox, pescaloca de fachas e incautos, para desgracia de Feijóo, compraventa regulero, torpón y veleta, incapaz de erigirse como marca fiable.

El cambio de Delcy

Últimas líneas sobre Venezuela, casi ya en la libertad, amnistía, estatut de autonomía. Qué pensará Nicolás Maduro en su celda cuando vea a Delcy Rodríguez darse la vuelta como un calcetín. Bienvenido todo proceso que contribuya al desarrollo democrático, sin olvidarnos, claro, del elefante naranja: que el país lo está pilotando Donald Trump, que ahora va a por Cuba.