La guerra en Ucrania tras la invasión de Rusia cumple cuatro años. Lo que iba a ser una guerra relámpago, según la Rusia de Putin, se ha convertido en una guerra de desgaste interminable. Solo se termina para los civiles que son asesinados en bombardeos o los miles de soldados ucranianos y rusos y mercenarios de diferentes países muertos en uno u otro bando. De vez en cuando reaparece, como el río Guadiana, un nuevo encuentro para avanzar hacia una supuesta paz que nunca acaba en buen puerto.
Y la sensación es que no hay una voluntad real de acabar con esta guerra. O quizá sucede que las guerras nunca se acaban y después de una viene otra. Quizá haya sido y es el destino real de los seres humanos guerrear unos contra otros por necesidad, poder, tierras, agua... lo que sea más importante o necesario en cada momento de nuestra historia. La Parca está siempre cerca y las guerras son un terreno abonado.
Hay más de 40 conflictos activos en el mundo, muchos de ellos se relacionan con cuestiones étnicas o religiosas, pero en todos y cada uno, a nada que se escarbe un poco en su origen y causas, aparece siempre lo mismo: la avaricia por los recursos naturales, la explotación de hombres y mujeres por otros hombres y mujeres, el poder, la corrupción, el fanatismo irracional, los beneficios económicos. Siempre es lo mismo. Mires al episodio de la historia de la Humanidad que mires. Las guerras siempre están ahí.
En Ucrania, en el genocidio de Palestina y en medio mundo más. Las malditas guerras, las soflamas belicistas y el gasto armamentístico y los fanáticos que las airean y los listos que se forran forman un todo político y de negocio a costa de vidas humanas. La UE lleva destinados decenas de miles de millones de euros a Ucrania como ayuda y tiene pendiente de cubrir lo que Trump ha dicho que no va a pagar. ¿Para qué? Para nada creo.
La población ucraniana no está derrotada, pero sí está cansada, supongo que la rusa también, está lejos de poder aguantar mucho más. y Europa está cada vez más dividida, débil, sin liderazgo y perdida en el nuevo contexto de la geopolítica internacional. Hemos tenido la suerte de disfrutar un tiempo de paz, derechos civiles y libertades democráticas, pero no sé si seremos capaces de defenderlo en el futuro que llega para nosotros y nuestros hijos y nietos.