Las guerras se sabe cómo empiezan, pero no como acaban. Esta tampoco. Trump habla de cuatro o cinco semanas. No lo sé. Ni él tampoco, creo. Aunque es fácil suponer que el arsenal militar conjunto de EEUU e Israel será muy superior al de Irán.

De momento, los bombardeos, la destrucción y la muerte se extienden por todo Oriente Próximo y llegan incluso a Chipre, territorio de la UE. Una Unión Europea que está desunida, más bien rota, y que vuelto a ser incapaz de alcanzar una posición única ante el ataque de EEUU e Israel a Irán. Trump y Netanyahu hace tiempo que aplican al mundo sus decisiones y sus intereses, sin mayor necesidad de control ni de rendir cuenta alguna. Quizá ese cambie antes o después.

Es desconsolador. No hay leyes ni derechos. La orden es siempre la misma en los bandos en conflicto: matar. Retrocedemos en este mundo cada vez más convulso e incomprensible. El mundo sigue sumando muertos en guerras, conflictos y violencias. La cuenta diaria de niños y niñas, mujeres y víctimas civiles es un océano de personas indefensas asesinadas impunemente.

Y las guerras traen crisis geopolíticas, crisis comerciales, encarecimiento de productos como el gas, el petróleo o los alimentos. Y más violencia siempre. Es cierto que los tribunales internacionales y organizaciones humanitarias que se constituyeron desde la base de los valores de paz y convivencia nunca llegaron completas a buen puerto y los incumplimientos de aquellos compromisos han sido constantes y generalizados por sus firmantes –la geopolítica y los intereses económicos siempre han estado por encima de los derechos humanos y de los valores democráticos–, pero están aún vigentes al menos como argumento de conciencia. O estaban.

Pero si se rompen del todo las reglas de la legalidad internacional y del derecho humanitario, incluso las pocas que pueden limitar algo la crueldad de las guerras, que es lo que está sucediendo, es una puerta abierta a una espiral cuyo final no se puede prever ni conocer aún, pero es seguro que la humanidad lo lamentará siempre. Lo pagaremos todas y todos.

De hecho, la sucesión de declaraciones de tipos importantes en la gestión de los destinos de la Humanidad en este momento histórico del siglo XXI, sinceramente acojona mucho. Las llamadas a la desescalada, el diálogo y paz caen en saco roto. Y pensar y reflexionar sobre ello evidentemente da miedo. Estamos perdiendo la paz, el bienestar y la estabilidad, y aun así confío en la avaricia de la otra cara del ser humano, la del negocio, el dinero y el poder para evitar el desastre total. También necesitan sobrevivir.