Que con frecuencia utilizamos la sinceridad para herir al que tenemos cerca, eso ya lo sabemos, Lutxo, viejo amigo. Vamos a ver, puede que tu jefe sea una persona muy fea (o tal vez no demasiado agraciada, si lo prefieres) pero no hace falta estar diciéndoselo a todas horas. Por muy verdad que sea. Cuidado con las verdades, Lutxo, porque, a veces, las carga el diablo Satán. Con la mala intención que le caracteriza. Lutxo a veces se jacta de ser muy sincero y te suelta impertinencias gratis a la cara. Fingiendo que pretende ayudar. Yo lo tolero como puedo porque, al fin y al cabo, es un ser imaginario. Una fantasía de mi mente. O eso creo. Tampoco puedo estar muy seguro, claro.

Pero ya han florecido los almendros. Los mirlos se pasan la mañana buscando musgo para los nidos. La primavera está cercana. El invierno quedó atrás. Con sus penas y alegrías (no olvides que una alegría vale por dos penas), y si quieres plantar, tienes que hacerlo ahora. Es tiempo de plantar, Lutxo, no sé si me explico. Todas las alegrías del invierno se plantan en primavera, ya sabes. Y a mí me da la sensación de que esta primavera se está plantando antifascismo. Al menos, un poquito. No obstante, obviamente, no me gustaría pecar de optimista, claro. Estaría bueno, a estas alturas. No, solo me refería a que parece que cada vez más gente se está empezando a asustar de lo rápidamente que se estropean los equilibrios elementales en cuanto cedemos el poder a los más fieras de la tribu, es decir, a los más bestias.

Deberíamos saber que no son buenos gestionando los tiempos de los demás. Solo atienden a sus ambiciones personales. Y acaban causando en poco tiempo un gran daño colectivo que luego cuesta mucho revertir. Digo que deberíamos saberlo y lo sabemos, en el fondo, claro. Pero se nos olvida, eso es lo curioso, Lutxo, le digo. Y me suelta: Esperemos que sea para bien.