Pedro Sánchez presentó este martes la Huella del Odio y Polarización (HODIO), herramienta de referencia internacional, chuleó, en la apertura del Foro Contra el Odio. Allí señaló que su doble objetivo es sacar el odio de la sombra y exigir responsabilidades para que la vergüenza cambie de bando.
El aire metafórico del primer fin me llevó a olvidar la chunga actualidad y acordarme de un poema de Borges, Elogio de la sombra, en el que “Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar”. El tono belicoso del segundo me devolvió a la tierra tatareando aquel brillante Escoria de RIP, “nosotros sentimos odio, y os vamos a hacer odiar”. Pues para qué ponerse a reflexionar si el asunto, según parece, no va de evitar que nos odiemos, sino de prohibir que tú me odies a mí y abochornarte por ello. Tengo un trato, lo mío pa mi saco.
A modo de ejemplo se analizó el acoso digital a las mujeres, los menores inmigrantes y las personas LGTBIQ+, que digo yo que también podían haber sido los muy odiados fachapobres o los siempre odiadísimos judíos, con perdón. Se contó con la presencia imparcial de Sarah Santaolalla y del cantautor inclusivo Ismael Serrano.
Como ven, hace falta ser desconfiado y, ya que estamos, muy odiador para dudar del impulso ecuménico y nada sectario de la iniciativa. Y también tiquismiquis, y rabioso nivel Premium, para concluir que quizás no es el mejor modelo de templanza una periodista que tacha de muy idiota a la mitad del país y de inútiles mentales a los líderes del partido más votado. Vamos, que buenos días tenga usted, lo serán para ti, hijoputa. Gorrotoa lege, escribió Yon Etxaide en 1964. Legea gorroto, añadimos hoy.
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