La semana ha estado divertida con la noticia de que Aitana Sánchez Gijón, actriz de 56 años, ha iniciado un romance con Maxi Iglesias, actor de 35 años. Digo divertida porque, en redes sociales, donde todo se convierte en un combate a favor y en contra, se ha comentado mucho la diferencia de edad y el “podría ser su madre” frente al “déjales que sean felices” y todo esto, cuando es la clásica situación que estamos acostumbrados a que se dé la inversa –maduro que sale con chica mucho más joven– y por la que ni mucho menos se arma tanto revuelo, como si la diferencia de edad no pudiera ser algo que sirva tanto para nosotros como para ellas. Tenemos tantísimos casos de hombres más mayores que ellas –incluso infinitamente más mayores, ahí están por ejemplo últimamente Robert de Niro y Al Pacino, siendo padres pasados los 80 años– que se nos pierden en la memoria e incluso se hacen bromas acerca de las novias de Leonardo Di Caprio, que hasta hace bien poco no tenía una novia menor de 25 años, cuando él ya pasa de los 50.
El tema es que tenemos tantos ejemplos, incluso no ya solo en el mundo del famoseo sino también en nuestros mundos cotidianos, en los que es mucho más habitual relaciones en las que el hombre es mayor que la mujer –sean 2, 4, 8, 10 o 15 años–, que cuando sucede a la inversa nos llama la atención e incluso pareciera que ellas tienen casi que pedir disculpas por una situación que solo les compete a los interesados y que en nada nos afecta al resto. En cualquier caso, más allá de ese aspecto que claramente muestra una de las muchas visiones masculinas de la sociedad, a mi me vuelve a traer a la cabeza la idea de qué diferencia de edad es o no es asumible o si todas ellas son asumibles o si no lo son. No sé, ¿40 años de diferencia es asumible en asuntos del amor, 50, sí, no, según, deja de numerar la vida como si fuese un deporte? Lo dejo para su reflexión.