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CatetadaEP

El Gobierno Vasco ha pedido el traslado del Guernica a Euskadi con motivo del nonagésimo aniversario del bombardeo de la villa, y el Gobierno de España lo ha rechazado aduciendo criterios técnicos. He oído a Ernest Urtasun y le creo. Con igual derecho alguien pensará que el ministro de Cultura miente. Al menos convendremos en que la mayoría lo ignoramos todo sobre almacenaje, conservación, restauración, empaque, embalaje y transporte de obras de arte. En mi maletero han llegado a brotar margaritas entre migas de pan y cintas de Derribos Arias. Ojalá nos ilustre Gonzalo Miró cuando acabe de glosar la estrategia de Simeone.

Isabel Díaz Ayuso ha tildado de catetada la petición, ya que no cabe dividir el patrimonio de los españoles en “diecisiete estados o naciones”. Vaya chollo alegar la indivisibilidad de algo cuando gran parte de ese algo está en tus manos. Un compañero de clase se negaba a compartir el bocata arguyendo que en casa no le dejaban dar. Me parece un argumento más sólido. La reina de las paradojas, forma benévola de llamar al desbarre, ha querido apuntalar su proteccionismo declarando que la cultura es universal y podemos viajar a Madrid a ver el cuadro. Se agradece la invitación al universo.

Le bastaba haberse ceñido al dictamen profesional y, si acaso, debatir el fondo político de la solicitud. Disfrazar de Paco Martínez Soria –¡la ciudad no es para mí!– a todo periférico molesto es investirse muy rápido de ateniense. La película más vista en la historia de la televisión española es Cateto a babor, con Alfredo Landa, que una noche de 1992 atrajo a diez millones de espectadores. Por supuesto, ninguno capitalino.