El trabajo diario en cada Ayuntamiento es algo que pasa desapercibido en la mayoría de la población, y que aumenta ligeramente en los comicios electorales, pero, a rasgos generales, no deja de ser lo de siempre: varios todos son iguales, algún a dónde van destinados mis impuestos, y sobre todo trifulcas partidistas de los partidos mayoritarios más visibles, y, en ocasiones, las únicas representaciones en el pleno.
Pero desde el resurgir de los nuevos municipalismos (y lo digo en plural para subrayar la inmensa diversidad de vías y maniobras de gestión y participación), algo parece que ha cambiado, o al menos se quiso / está queriendo cambiar. Son muchos los llamados ayuntamientos del cambio en las capitales, pero también los hay en pequeños municipios, caracterizados no simplemente por sus intenciones de transformación y su inclinación hacia la izquierda, sino especialmente por su origen y sus objetivos. Su origen y el de las personas que lo conforman: los movimientos sociales, el asociacionismo, el sindicalismo, la militancia… y un alto nivel de compromiso con las diferentes causas. Sus objetivos, acercar la gobernanza a la ciudadanía a través de diferentes métodos y herramientas de participación social, a la vez que aplicar políticas de proximidad, adecuadas a la realidad, problemáticas y necesidades, priorizando proyectos comunes.
Así pues, la forma de trabajar de estos grupos dista mucho de la de los partidos tradicionales, que no sólo reciben órdenes y/o presiones de las élites y lobbies, sino que se rigen por unas directrices jerarquizadas de las que no se puede o no interesa escapar. Además de la capacidad y el poder para jugar no muy limpio con los privilegios y artimañas que su posición les ofrece, llevándose por delante todo lo que esté a su paso, y sin importar los daños colaterales que esto pueda suponer. A su vez, van ascendiendo por los peldaños hacia esas élites de esos partidos y, por supuesto, se olvidan de la principal razón por la que, en teoría, estaban ahí: el pueblo.
Mientras tanto, lejos de querer, poder o ni siquiera pasarse por los pensamientos de las personas que forman dichas agrupaciones alternativas, el utilizar estas estrategias de coacción y partidistas, queda plausible, para unas pocas que lo viven desde las entrañas, la diferencia y la relación de poder, a la vez que se invisibilizan van menguando las fuerzas del pequeño desde fuera. Las fuerzas para seguir con su proyecto basado en el municipalismo, la desjerarquización y democratización de las esferas económica y social, y la posibilidad de que sea la ciudadanía quien influya y actúe directamente en la gestión de su pueblo, con unos valores de respeto, convivencia y sostenibilidad de las vidas. Porque sí, lo personal, es político.