Yo sentí y vislumbré en la penumbra de la sala las piruetas de una espectadora en la escalera izquierda del palco del Teatro Gayarre. Perdió el equilibrio y aterrizó junto a la primera fila. ¿Qué necesidad le apremió a moverse en la oscuridad? Susto sin mayores consecuencias conocidas. Fue hace unos años. Cualquiera puede comprobar cómo el riesgo de caída se mantiene en el acceso central y principal de ese piso. El ascenso y descenso de las filas (7) es complicado.

Existe una barandilla lateral asociada al vomitorio pero solo llega hasta la cuarta fila y a sensible distancia de los asientos. Hay que subir y bajar con atención y cuidado. Por razón de edad y condición física, entre el público de nuestro teatro municipal no suele haber mucho equilibrista. Los habituales de palco conocen la situación y la afrontan con cautela. Los debutantes de edad pausan un momento su camino y escudriñan el panorama ante el desafío que se les presenta. La instalación de una barandilla medianera podría ser una solución. Como elemento de apoyo y para estrechar la distancia con el correspondiente tramo de localidades.

El origen del Teatro Gayarre (Teatro Principal hasta 1903) se remonta a 1841, ubicado entonces, con su identificable fachada, en la ahora llamada plaza del Castillo, justo en el arranque de la avenida de Carlos III (hasta 1931). En su nuevo emplazamiento, abrió las puertas el 3 de mayo de 1932. A seis años del centenario. Tras años de explotación privada, también como cine, ese mismo mes de 1998 se recuperó la gestión municipal y se constituyó la Fundación Municipal. Una de las varias reformas realizadas en el recinto devino de un incendio en su caja escénica (20 de noviembre de 1968). El calor y el humo provocaron desperfectos en decoración y mobiliario. Las múltiples mejoras introducidas, técnicas, estéticas y de accesibilidad, culminaron con un Plan de Modernización (2023-24). Quizá le falte la guinda de esa barandilla. Prevención.