La OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) agrupa a 57 estados del hemisferio norte y tiene entre otros muchos el mandato de ayudarles a fomentar la igualdad de género. Esto, que quede muy claro, no es una modernez volandera, es puritito desarrollo de los derechos humanos.
En este marco se inscribe su Herramienta de Sarajevo para involucrar a los hombres políticos en el logro de la igualdad de género. Se la recomiendo. Es sintética y muy clara. Aunque va dirigida a políticos, si la leen verán que su planteamiento es transferible a cualquier hombre y a cualquier grupo masculino cuya actuación, no nos engañemos, siempre es política, favorece o no favorece, adelanta o retrasa. Nada es neutro.
La Herramienta realiza un diagnóstico de la situación y una propuesta de actuación y clasifica a los políticos (pero recuerden que pueden sustituirlos por socios, compañeros, colegas, cofrades, ustedes mismos...) en cuatro grupos que no me resisto a enumerar: simpatizante silencioso (preferirá votaciones secretas, no vaya a ser que se le note), colaborador ocasional (echa una mano cuando le cuadra), aliado proactivo (se puede contar con él, tiene iniciativa) y agente transformador por la igualdad de género (es que lo vive, está comprometido, muy de fiar) Los paréntesis son míos. Imaginen quiénes se quedan fuera de estos grupos. Como decía E el otro día, la motivación puede ser tan sencilla como tener hijas y querer para ellas un mundo igualitario.
En 2001 diez mujeres, entre ellas Montserrat Caballé, solicitaron el ingreso en el club social del Círculo del Liceo de Barcelona y su petición fue denegada. Si recuerdan, el conflicto llegó al Parlamento Europeo. Aunque en Napardi se canta, creo que no me equivoco si digo que no es comparable con el Liceo. Y así estamos. 25 años después.