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Mar de fondo

Xabi Larrañaga

Orfandad

OrfandadPatxi Cascante

Muere Carlos Garaikoetxea y muchos alaban con justicia su talante abierto y brillante impulso del autogobierno. Otros no saben / no contestan, y otros deploran la sustitución de El Conquis por un programa especial en su recuerdo. ¡Ni que solo la palmara él!, ruge un paisano, sin duda ignorante de conquistas grises como el Concierto Económico, Osakidetza y esa EITB donde ansía ver su sarao favorito. Lo de izan zirelako gara es apenas un tuit.

Puesto a glosar orfandades, la triste deriva de Eusko Alkartasuna, proyecto en el que aquel tanto se implicó, sí que deja huérfanos. Por un lado, destaca el desamparo de infinitos abertzales que anhelan una sana alternancia en la CAV y, por lo que sea –y hay mucho sea–, rechazan apoyar a unas siglas disueltas e irreconocibles.

Por otro, el partido eterno en el poder, libre de una competencia real, ha eludido la tarea de concretar un sólido discurso propio. Le basta con asumir u obviar el ajeno, gestionar la gestión de lo gestionable y distinguirse por aquello de la violencia. La batalla de las ideas, el humanismo cristiano, la memoria europeísta, si eso para otro día.

De tales polvos, claro, estos lodos. En toda sociedad occidental compiten la opción liberal, conservadora y progresista. En la nuestra, en cambio, y en la nacionalista ni te cuento, quien lo peta es una coalición que, por ejemplo, defiende al régimen cubano y la libre autodeterminación de género, y en esto incluso coincide con los jefes de Dios y la Ley Vieja. Es ya el mayor hecho diferencial: abdicar de Sabino Arana y Arturo Campión para acabar abrazando a Judith Butler en Marinaleda. Como si todo valiera, hasta que deje de valer.