Con Etxabakoitz, Pamplona tiene una deuda pendiente pero también una oportunidad. Se pudo comprobar en el foro que esta semana celebró el Ayuntamiento y donde los vecinos hicieron oír su voz una vez más. El barrio, que incluye a las secciones censales con menor renta de toda Navarra, sigue siendo sinónimo de una cierta degradación que no ha terminado de revertirse y que precisa de una ambición que va más allá de las indudables mejoras acometidas en los últimos años.
La okupación de la antigua Ikastola Jaso preocupa y atemoriza a los vecinos, que ven muy lejano e incluso con recelo el horizonte de la transformación definitiva, vinculada desde la Administración a la llegada del Tren de Alta Velocidad. El tren, la futura estación, si es que algún día se acomete, ofrecen a Pamplona la posibilidad de construir una miniciudad de 10.000 viviendas prácticamente desde cero. Será el momento de aunar el interés de los vecinos actuales, que deben tener acceso a las nuevas viviendas, con un desarrollo urbanístico eficiente y, por qué no, emblemático, que no invada más suelo del necesario, como va a suceder seguramente en otros emplazamientos de la Comarca de Pamplona. Tanto retraso sigue siendo incomprensible.