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Recursos humanos

Maite Pérez Larumbe

¿Ciencia ficción?

¿Ciencia ficción?Pexels

Pienso en Olga Tokarczuk, la nobel polaca de literatura, y recuerdo Sobre los huesos de los muertos, una novela de su autoría calificada de thriller metafísico que me tuvo especialmente secuestrada mientras la leía. Una novela puede gustar por muchas cosas, por la proximidad o la lejanía de los temas y conflictos que plantea, por la inserción de las tramas en las preocupaciones, dudas y zozobras del momento que aborda, por armar escenarios espaciales, históricos o afectivos verosímiles y dibujar personajes que cobran vida, por su manejo de los elementos formales, por el uso del lenguaje, los tiempos, giros argumentales, diálogos o monólogos, por la innovación en cualquiera de los apartados anteriores, el lanzamiento de preguntas, el dibujo de zonas de sombra que suspenden el juicio o la capacidad de sorprender a quien la lee.

Una buena nota en un par de ítems permite dar un aprobado a una novela. Si confluyen varios más, será notable, si muchos, dará luz durante mucho tiempo. Ustedes tendrán su palmarés. Olga Tokarczuk ha dicho que a menudo cuenta con la IA para contrastar sus ideas, que es una tecnología que proporciona ventajas increíbles, que amplía su horizonte y profundiza en su pensamiento creativo. No pongo en duda su experiencia, pero donde ella habla de ventajas, leo otra cosa.

¿Qué necesidad tiene una premio nobel de literatura de usar la IA? ¿Cómo sabremos que leemos una obra enteramente planificada y ejecutada por una persona? ¿Nos va a importar este detalle? ¿Qué premiaremos a partir de ahora? ¿Valoraremos el talento creativo, la capacidad de formular buenos prompts, una combinación de ambos, su resultado? ¿Se especificará el porcentaje en la portada?

¿Pasará con la literatura como con un amplio sector de la restauración y nos tendremos que conformar con quintas gamas uniformes y deslabazadas, apenas diferenciables?