El debate sobre el Monumento a los Caídos entra, por fin, en su fase decisiva. El Ayuntamiento de Pamplona ya tiene sobre la mesa las dos propuestas finalistas seleccionadas por unanimidad por el jurado para transformar este espacio en un memorial democrático: “Harriak Hitz” e “Itzaletik Argira”.
Ambas comparten una base fundamental y necesaria: eliminan la gran escalinata actual, sitúan el acceso principal a nivel de la plaza, reforman todo el entorno urbano para integrarlo en la ciudad y, sobre todo, eliminan el carácter franquista del edificio. Ninguna plantea el derribo ni una ruptura total, algo que el jurado ya había puesto como condición por criterios de viabilidad técnica, económica y de aprovechamiento de lo existente.
Sin embargo, la clave de este concurso –y lo que de verdad está moviendo el termómetro de la calle– es cómo tratan el elemento más reconocible y polémico del edificio: su gran cúpula.
Por un lado, “Harriak Hitz” busca rebajar la monumentalidad de forma sutil. Su idea es que el edificio pierda fuerza visual poco a poco, eliminando la linterna superior y los elementos ornamentales para que la cúpula pese menos hacia arriba y resulte más discreta. Es una opción que busca, en cierto modo, “apagar” el monumento.
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Por el otro, está “Itzaletik Argira” (De la sombra a la luz), decide transformar la cúpula de manera visible añadiendo una gran pieza contemporánea de vidrio y luz. No esconde el pasado; lo interviene para darle un significado completamente nuevo a través de la transparencia.
Aunque el Ayuntamiento no ha confirmado una votación ciudadana vinculante y la decisión final quedará en manos de la mesa técnica y municipal –abriendo ahora un proceso para que el vecindario aporte sugerencias–, la respuesta de la gente en la calle y en foros como la encuesta de este periódico ya es muy clara. Y es que, a la hora de intervenir en un símbolo de exaltación del franquismo y tan complejo, la propuesta más audaz visualmente y la más rompedora, es la que de momento más convence.