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Estado de crisis, irá a peor

Estado de crisis, irá a peorEP

Como decíamos ayer y decimos gobierno tras gobierno de PP y PSOE desde siempre, la cosa está más bien mal. La democracia no está muerta, pero está jodida. No solo en el Estado español, sino en el conjunto del espacio internacional y sus valores fundamentales están siendo devaluados allí donde es el modelo político para vertebrar la convivencia y esa es una puerta peligrosa hacia abismos oscuros. Sin duda, no lo está en la misma medida en espacios y modelos políticos como el que aún vive Navarra, sobre todo porque los navarros y navarras tienen posiciones democráticas aún sólidas y conscientes. Y eso vale también aún para otros espacios identitarios y territoriales de la UE y de otros lugares del mundo, pero la ofensiva geopolítica global contra la democracia es real y poderosa.

Semana tras semana, vivimos saltando de una crisis a otra nueva. Ahora, al mismo tiempo que los tribunales juzgan muchos años después las tramas de corrupción, asalto a los recursos públicos o espionaje de Púnica, Gürtel o Kitchen del PP, los tribunales y los informes de la UCO de la Guardia Civil señalan a miembros del PSOE, algunos importantes que han tenido mucho peso y poder en el partido, a otros personajes propios de una trágicomedia del absurdo de muy bajo nivel y a familiares directos del presidente Sánchez. El tiempo y espero que una justicia democrática y garantista dará y quitará razones y pondrá en valor las sospechas y las informaciones que se filtran un día sí y otro también como si no hubiera un mañana. Una crisis política e institucional en estado permanente que, más allá del circo político diario y de la calidad de todos sus protagonistas, vuelve a situar la democracia española ante la necesidad inevitable de abordar reformas democráticas para regenerar las estructuras del Estado. Y sometida a la permanencia de la estrategia de inestabilidad, bulos y crispación del debate público. Irá a peor. Una regeneración que restablezca la separación de poderes democrática y constitucional para empezar y la recuperación de derechos fundamentales que se han ido recortando con leyes punitivas y coercitivas. Nunca mejor expresado lo de aquellos barros, estos lodos. La regeneración democrática lleva pendiente muchos años y nunca hasta ahora ningún Gobierno ni con el PP ni con el PSOE –tampoco el de Sánchez pese a que fue su compromiso en la moción de censura que tumbó a Rajoy–, ha tenido la valentía suficiente para analizar y abordar las transformaciones democráticas que venían exigiendo la baja calidad de algunas estructuras del Estado pese a los signos más que evidentes y públicos de su deterioro progresivo. Poderes oscuros que se enmascaran bajo eso que llaman pomposamente el imperio de la ley. Puro autoritarismo.

Una regeneración que exige honestidad y acuerdos políticos, pero también sentido común y compromiso con los valores democráticos y las libertades civiles y políticas. Navarra, su modelo de bienestar y autogobierno, es y debe ser un ejemplo en esa pugna entre democracia e involución autoritaria que recorre el mundo de hoy. Porque abrir la puerta a cualquier cosa con tal de cambiar lo que hay puede ser cualquier cosa y eso no pinta nada bien.