DA lo mismo, Bourbon francés o Borbón español, evidentemente los Borbones vienen de prestado a España por el Estado francés allá por 1700, hace la friolera de 300 años. Dado que la anterior dinastía estaba regida por los Austrias, al final, el Carlos II el Hechizado dejó sin descendencia el reino y Francia nos proveyó, o diosa fortuna, de un rey Felipe de Anjou, Felipe V, para los españoles.
De la lista o dinastía de reyes los ha habido buenos, malos y regulares, pero el que tenemos últimamente se lleva la palma, como suele decirse. Si su padre levanta la cabeza, seguro, seguro que lo destronaría, desheredarlo no pudiera porque vaya a saber en qué paraísos fiscales andan sus reales.
¿Recuerdan ustedes a su insigne abuelo, Alfonso XIII, que salió, como vulgarmente se dice con el rabo entre las piernas con destino a Italia?? Aquel rey que también tuvo sus desatinos y sus desfogues, pero es que todos estos caprichos y hobbys se deben sufragar con nuestros dineros públicos.
¡Vaya!, que llevamos una racha, recortes por arriba, recortes por abajo, recortes de fin de semana, recortes de manga. Luego, a este insigne le salen dos yernos de especial encomio. Uno, Marichalar, que deja a su pequeñín Froilán que se atice tamaño disparo de escopeta en el pie; el otro, Urdagarin, dispara a diestro y siniestro los dineros fuera de España, acertando en paraísos fiscales.
Bueno, está visto que el Bourbon ya no da para más, se ha agotado. El Borbón debe regresar a sus principales y legítimos dueños, los franceses, y de una vez por todas su esposa, la insigne reina Sofía, podrá descansar en paz en cualquier palacete de la costa francesa.
Si de verdad los políticos fuesen de raza, seguro que, después del perdón pedido y de las disculpas solicitadas, debieran haberle puesto de patitas en la calle, eso sí, acompañado de las dos muletas y del secreto que guarda celosamente en el Palacio del Pardo.
Juan Carlos Audikana Hueda