la carta del día

Capital, beneficios y prudencia financiera

26.06.2020 | 01:10

Hace ahora 95 años, en el acta del Consejo celebrado el 5-VI-1925, podemos leer: "La Diputación indica que las 500.000 Ptas. de subvención que tiene concedida a la Caja, dejen de percibir intereses y las cantidades que a la Diputación adeuda por ese concepto no se paguen. La Caja queda enterada y acuerda ir amortizando dicho crédito en años sucesivos".

Esas quinientas mil pesetas fueron el capital inicial con que contó la Caja para ir iniciando su andadura. Que suponían 250 veces lo que cobraban al año los empleados que habían entrado por oposición (2.000 Ptas. Actas de 18 y 24 de febrero de 1922). Lo cual ahora equivaldría a un monto entre 7 y 10 millones de euros.

Los beneficios obtenidos en los cuatro primeros ejercicios completos de la Caja, desde 1923 (año que obtuvo 127.235,20 Ptas. que "aseguraron la vida de la Caja") hasta 1926 ambos inclusive, supusieron un total de 641.712,39 Ptas. de beneficios, de los cuales destinó 532.235,20 Ptas. a Reservas y Amortizaciones, y 90.295,95 Ptas. volvieron a los bolsillos de los navarros a través de los premios al ahorro y los donativos a causas benéficas de Navarra. Es decir, la Can naciente –como les gustaba denominarla cuando no querían asumir excesivos riesgos y denegaban un préstamo o un donativo– había destinado casi un 83% de los beneficios a Reservas y un 14% a Obra Social. En los años sucesivos ambos componentes fueron equilibrándose hasta casi el fifty-fifty.

La prudencia financiera se pone de manifiesto a lo largo de todo el período al que yo tuve acceso (hasta 1950), y seguramente permaneció igual durante, al menos, los 80 primeros años de su vida. Prudencia que se denotaba en mil y un aspectos, por ejemplo: durante el año 1923, el Ayuntamiento de Cizur y el Concejo de Esquiroz solicitaron sendos préstamos a bajo interés para la construcción de escuelas. Préstamos que contaron con la garantía del concejo y la solidaria de los mayores contribuyentes repartida mancomunadamente entre ellos. Es decir, como si en la actualidad la compañía Volkswagen España SA –que seguramente será uno de los mayores contribuyentes de Pamplona–, garantizara los préstamos o créditos que obtuviera el Ayuntamiento de la ciudad para sus obras.

Y es que la prudencia financiera era un valor inserto de forma indeleble en la actuación de todos los organismos navarros. Así, los Entes Locales tenían fiscalizadas sus cuentas por una Junta de Oncena, Quincena o Veintena (en función del tamaño del ente), formada por los mayores contribuyentes del municipio, de esa forma los alcaldes y concejales no podían incrementar sus presupuestos sin el visto bueno de dichas juntas. Juntas que, por su propio interés, procuraban que no crecieran excesivamente los gastos para que no se incrementasen las correspondientes contribuciones. De ahí que la Caja quisiera implicar a dichos contribuyentes en los préstamos que concedía.

Toda esta sabiduría financiera de nuestros tata-tatarabuelos que demostraban las instituciones forales desaparecieron con la llegada de la democracia a España, y así han venido ocurriendo los descalabros financieros de las Cajas y las privatizaciones de servicios comunitarios que venimos soportando los ciudadanos de un tiempo a esta parte. Por eso Navarra, que puede autodotarse de mecanismos de control pues para eso tenemos un Parlamento Foral, tendría también que ir recuperando, actualizadas eso sí, esas juntas de control sobre los Entes Locales, pues en otras las democracias más consolidadas que la española, democracia no es sinónimo de descontrol.

El autor es promotor de la refundación de la Can, notario jubilado y nieto del director gerente de la Can desde 1921 a 1950