El beso y el verano

12.09.2020 | 12:15

Desde que empezó todo esto la abuela no besa a su nieta y esta dejó de intentarlo cuando a su modo, empezó a entender lo que pasaba. A entender cosas que por su edad todavía no tocaban. Al principio lo intentaba y no entendía por qué su beso era rechazado, por qué chocaba contra nada. Un verano atípico se nos escapa entre las manos, un verano que nos ha robado más de un beso y más de un abrazo. El beso: de tantos tipos y tan diversos, como veranos. Por supuesto, depende de quién, depende el momento y también el formato. El beso icónico en blanco y negro entre un marinero y una enfermera en una calle de Nueva York. Era un 14 de agosto de 1945 y Japón se rendía ante EEUU dando lugar al fin de la II Guerra Mundial.

Este verano que termina se ha celebrado su aséptico 75º aniversario. Europa tendría su beso histórico con el beso fraternal socialista entre Brezhnev y Honecker. Este ritual que incluía tres besos, beso de tornillo incluido cuando había especial sintonía, tuvo lugar durante la conmemoración del 30º aniversario de la extinta RDA. Un ritual del beso que hoy atentaría a la nueva normalidad y que se encuentra representado en un mural artístico del East Side Gallery: tramo mejor conservado del muro de Berlín que a través del arte con mensaje, reivindica la importancia de la libertad y la democracia. Mensajes que se lleva el viento y recoge el selfi narcisista del turista digital. El beso idílico de una noche de San Juan entre Teresa y el Pijoaparte en esa maravillosa novela de Juan Marsé titulada Últimas tardes con Teresa. El escritor se marchó el pasado julio, sin el ruido que merecía su talla, pero dejándonos no un vacío sino un legado de inmenso valor humano y literario.

Desde El Carmel a Sant Gervasi, las bombillas de colores parpadearán en señal de duelo durante las próximas verbenas de Sant Joan. El beso censurado del beso apasionado entre Kim Novak y James Stewart en Vértigo, demasiado tórrido para la época, razón por la que sufrió el tijeretazo de la censura antes de que España la estrenara en un lejano verano de 1959. La ciencia de hoy a remolque de la tijera de ayer. El primer beso romántico, el de verdad, el tuyo, sin focos, sin cámaras, sin filtros, tu primer beso. Quizás algo imperfecto, y quizás por ello, aún más bello. El beso con sabor a fiesta de un 6 de julio: eufórico, alcohólico y fraternal. Ahora convertido en beso responsable contra su voluntad. Un beso acolchado y bien doblado. Un beso que solo ve rojo y blanco alrededor mientras espera ansioso que alguien abra su cajón. El último beso a un ser querido que nos dejó antes de tiempo. Este último beso, mucho más difícil que el primero. El beso invisible que ha rematado a muchos ancianos de tristeza y soledad en las residencias para la tercera edad. El beso como el acto más humano que esta pandemia nos ha privado. El beso por cientos, por miles, millones, todos los que la nieta ha ido guardando y liberará para su abuela antes del próximo verano. El beso y el verano.