la carta del día

La libertad en el laberinto

03.06.2021 | 00:56

Han estado las ciudades vagando en un silencio sonámbulo y evocador. Un naufragio de la vida cotidiana nos ha sobrepasado y se han visto las señales de la entrega y la solidaridad con el eterno sufrimiento humano. Millones de rostros han pasado el testigo de su gestualidad a los ojos, que, sobre las mascarillas, como si de balcones carcelarios se tratara, nos han mostrado el sorprendente y bello lenguaje de las miradas; ese amplio paisaje por descubrir que alberga el sentimiento y que nos habla de la vulnerabilidad, del deseo anhelante de recuperar la opulencia de los sentidos volviendo a la carnalidad del tacto, del abrazo y del beso; sintiendo renovarse la pasión de vivir. El espíritu ha perdido gallardía, pero la paciencia ahuyenta la desesperación y serena el alma. Durante un tiempo, para salir de las tinieblas, hemos divagado y prestado más atención a la arquitectura de las nubes, al candor de los animales y a cuantas cosas nos aproximan a ese acuerdo con la vida que nos permite el tiempo de luz que llamamos felicidad.

Son momentos de reflexión en este convulso devenir de los acontecimientos, y, en un escenario en el que la grandeza política huelga por su ausencia, el ciudadano vuelve la cabeza hacia esa dama llamada libertad, que en el laberinto de la vida nos hace guiños moviéndose en un juego de espejos de confusos reflejos. El camino a seguir es la búsqueda y conocimiento de la verdad; ese salvoconducto del equilibrio y la razón que conlleva mayores iluminaciones para alcanzar la emancipación moral.

En la imparable carrera de la globalización, de la que ni el proteccionismo (brexit) puede librarse, los derechos del conjunto se colocan en primera fila ante los individuales. En el interior oculto de la política hay un esoterismo discriminatorio que hace mella en una sociedad adormecida por la técnica, en la que cada vez es más destacada la ausencia de la opinión pública. Los trileros de la política han expulsado a Prometeo y precisamos vista sagaz, poniendo atención lúcida y obstinada, para detectar la propaganda del pensamiento dirigido. Crecen las grandes desigualdades socioeconómicas y en los grupos más desfavorecidos se da paso a los principios de la anarquía. En este clima de recelos nos vuelve el pensamiento de Nietzsche: "un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos".

La libertad de un pueblo siempre ha de ser soberana, aunque incomode al poder academicista.

Desde el pensamiento ilustrado hasta la revolución burguesa, la libertad de expresión es bien recibida, siempre y cuando la oculta censura del poder la encuentre ortodoxa.

El peso de las audiencias pone difíciles trabas al periodismo de calidad, baluarte de verdades y libertades, y se ve bloqueado en la soledad que le imponen las informaciones globalizadas urdidas por múltiples intereses que, como un río caudaloso, arrastran la opinión pública.

El número de personas que no lee la prensa y se informa en las redes crece exponencialmente, recibiendo informaciones que, con frecuencia, restan clarividencia para discernir la verdad en el desarrollo de los hechos. La tendencia educativa va por el camino de la máxima especialización, relegando la sólida formación en humanidades y derivando, como elemental consecuencia, en una mayor manipulación del pensamiento colectivo. El poder político nos presenta, como Botticelli, una nueva alegoría de la primavera, cuyo cénit de envidia y admiración mundial será alcanzado en el año 2050. Pero entre tanto la libertad individual anda errática, suplantada por los derechos del grupo. Se propagan banalidades sociales, y el individuo se ve inmerso en un mayor anonimato. Los partidos pujan por ciertos privilegios con el fin de rentabilizarlos en las urnas, aun cuando arrasen derechos generales.

En el seno de nuestra rebelión individual está el germen vital de la existencia; entregarse a esta tarea con entusiasmo permite al ser humano ser limpio de corazón.

Reflexionar sobre quiénes somos, quiénes queremos ser, evitará que la historia, una vez más, vuelva a ponernos el pie en el espinazo. Es tiempo de reflexión en este intrincado laberinto.

noticias de noticiasdenavarra