El verano es un regalo de la naturaleza. Que se lo pregunten a los de los polos. En nuestras latitudes, el aire del sur tierno o menos blando es más fuerte y vigoroso y a mucha gente le pone las pilas, porque son de sangre más fría como las culebras que están quietas al sol o cerca de las corrientes de aguas termales. El verano es brillante. En algunas partes de Andalucía y otros lugares dicen, por el contrario, que hay dos estaciones: el invierno y el infierno. En el desierto el calor y el frío de noche es una costumbre. Esto era antes. Ahora el infierno se ha hecho fijo y solo nos falta una tormenta solar para abrasar la paellera en la que nos cocemos. Bien cierto es que a algunos les gusta el chocarrado del arroz más que la carne que se cocina. Van a tener suerte y ponerse morados de chocarrado, con los cristianos, moros y judíos en una fiesta macabra celebrando el solsticio de verano y de invierno. Fiesta mundial. Solo nos falta pisar con los pies descalzos las brasas o decir, como San Lorenzo en la parrilla: "Dame la vuelta, que ya estoy asado de este lado".Todavía tenemos agua para beber, pero vamos a celebrarlo con cerveza. Así de chulos somos nosotros. Risas. Reímos por no llorar. Vamos camino de desarrollar narices más grandes, orejas de elefante, párpados triples, ojos circulares y todos los mecanismo de autodefensa para poder sobrevivir. En vez de homo sapiens pasaremos a ser narizotas orejudo.
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