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Talibanes domésticos

Talibanes domésticosPixabay

Coincidí el otro día, viendo un partido de fútbol amistoso de mi nieto, con el padre de otro de los chavales que juega en el mismo equipo. No sé cómo derivó la conversación en temas que, estando de acuerdo en el fondo, al menos en parte, a él le llevaron a un estado de defensa talibán de su esencia pura frente a todo lo que suena a sociedad democrática y sus estructuras, donde vivimos todos los demás. “El covid es una invención del poder globalizado mundial; los científicos objetivos no existen y dependen de dicho poder, estén donde estén, trabajen donde trabajen, por lo que no podemos confiar en los discursos que nos lanzan a través de los medios; medios en los que no existe un solo periodista objetivo y todos manipulan la información siguiendo las consignas del poder que les paga; ¿cuántos medicamentos se tomaban antes? Ninguno. Ahora, en cambio, todo el mundo se atiborra de medicinas, analgésicos, antiinflamatorios, antidepresivos… Un de todo ¿por qué? si la ciencia ha avanzado tanto”.

Tomaba aire, entre sonrisas perdonavidas y continuaba sin dejar intervenir: “El número de muertes que dicen que ha habido por covid es falso. ¿Has comparado las muertes de 2019 con las de 2020? ¡Hubo más muertes en 2019, sin covid! ¡Que no, que es todo mentira!”. 

Lo que no sé es de dónde saca los datos que para él son reales, fidedignos, si todos los científicos y los periodistas y las estadísticas mienten. Me sacó tan de mis casillas que no tuve la clarividencia como para planteárselo.

“Los protocolos no sirven para nada. ¿Para qué sirven los protocolos…? ¡Para nada!”, así en general, sin especificar qué protocolos. Le puse dos ejemplos obvios de protocolo que en mi experiencia profesional, en lo que tuvo que ver con la sanidad, funcionaron (siguen funcionando) y con resultados. Bueno, pues también los rechazó con la sonrisa de quien se cree levitando por encima del resto de la especie.

Gente que estaba cerca nuestra, hablando en grupo, poco a poco fue desapareciendo significativamente, dejándonos literalmente solos. Quise entender que lo conocían mejor que yo y que me mandaban un mensaje; “ahí te las veas”.