El 17 de abril es el Día Internacional de Solidaridad con las Personas Presas Palestinas. Actualmente, la población carcelaria palestina supera la cifra de 9.600 personas presas, de las cuales 3.552 se encuentran bajo el régimen de detención administrativa, es decir, encarceladas sin cargo ni juicio; 350 son menores, encerradas en dos cárceles notorias por el maltrato, y 84 son mujeres.
Las largas condenas de figuras como Marwan Barghouti o Ahmed Saadat y la lucha, huelgas de hambre y épicas de evasión del colectivo de presos y presas, han forjado un relato central en la historia colectiva de la resistencia palestina.
Desde hace años, las cárceles sionistas han sido sitios de secuestro, tortura, y muerte por maltrato. Con el silencio y la permisividad de occidente frente a la brutalidad de estos crímenes, el sionismo extremista se ha envalentonado: en los últimos tiempos, ha adoptado prácticas y leyes que igualan y hasta superan en brutalidad a los regímenes más odiosos de la historia.
Un reciente informe de la organización pro derechos humanos Euromed detalla el uso de violencia sexual en las cárceles y campos de concentración israelíes cuyos abusos, claramente estremecedores, incluyen el uso de perros y de cargas eléctricas. La aplicación de violencia sexual para humillar y debilitar psicológicamente es “una política de Estado aprobado por las más altas instancias políticas, judiciales y militares” constata el informe.
La normalización de la tortura y el genocidio dentro de la esfera política y de la sociedad en general en Israel es un proceso que la historia demuestra como algo intrínseco en proyectos coloniales: EEUU, Australia, Argelia y Argentina son casos ejemplares.
El Estado sionista heredó del mandato británico el uso de la encarcelación masiva como medida de coerción para mantener la ocupación colonial. La recién aprobada ley recupera el espíritu del mandato británico durante las revueltas de 1936, cuando el mero hecho de ser palestino constituyó condición para la aplicación de la pena capital.
Su promulgación -objetivo prioritario del gobierno de Netanyahu- al permitir la ejecución de las presas y presos palestinos, convierte las cárceles en instrumentos directos de la política de genocidio de la población palestina.
Con esta nueva ley, el régimen sionista blinda la impunidad del personal civil y militar israelí en las cárceles del régimen, que ya no necesita excusas. Y se constituye la oficialización de la violencia que empuja a los presos y presas a la muerte por torturas en las cárceles israelíes. Palestinako presoak askatu! ¡Abajo todos los muros del sionismo!
BDZ Nafarroa*