Sigo frotándome los ojos con la noticia de que el Ayuntamiento de Pamplona que regentaba Enrique Maya tuvo, en enero de 2022, la elitista idea de proporcionar aparcamiento gratuito a vecinos de los chalets de la calle Media Luna durante las obras de las torres de Salesianos. No porque la idea sea mala, sino porque –quizá alguien me corrija– no tiene precedentes en la historia de la Vieja Iruña y porque supone un agravio comparativo de dimensiones siderales.
En este tipo de actuaciones lo habitual es, si hay suerte, que el Consistorio avise con algo de antelación de que el inicio de unas obras acarrea la supresión de determinadas plazas, ponga las correspondientes vallas y, en el mejor de los casos, habilite alguna zona de aparcamiento alejada de los domicilios afectados.
Lo particular de esta surrealista historia es que responsables del Ayuntamiento al más alto nivel acordaran que 17 vecinos de estos chalets pudieran estacionar sus vehículos de forma gratuita en el parking subterráneo de la Plaza de Toros. Y lo delirante es que nadie asuma la factura, que asciende a 10.850 euros. Una deuda generada por el gobierno municipal de UPN, que de momento guarda un cómplice silencio.