Adoptar un gato es como empezar a compartir piso. Los felinos se adueñan del espacio y son ellos quienes tienen que dar su visto bueno al hogar y a la compañía. No se dejan ver demasiado, pues duermen mucho durante el día, pero su presencia aporta una compañía y tranquilidad especiales. “Una vez, la gata de mi pareja se me acostó en el pecho y yo me quedé paralizado, creí que en cualquier momento me atacaría, pero mi esposa me dijo que me estaba quitando las malas ondas”, cuenta con humor Diego González Azcurra, quien, junto a su pareja, Victoria María Margni –ambos de Argentina–, ha emprendido la primera clínica de Navarra solo para gatos, con la que pretenden ofrecer a estas tan especiales mascotas un espacio hecho a su gusto.

Ya se dedicaban a atender animales en BetterVet, la veterinaria contigua a esta prionera iniciativa –que han llamado BetterCat– y allí se percataron de las necesidades tan específicas de los felinos. “Nos dimos cuenta de que los gatos requieren espacios propios donde ser atendidos a su manera, en un entorno sin estrés, sobre todo ahora que la tendencia está cambiando y estos animales se están volviendo casi más populares que los perros”, cuentan. Además, la experiencia en la clínica de la Calle del Sadar nº 16 no es solo más cómoda para los animales, sino también para sus tutores. “Traen a sus felinos y saben que no se van a encontrar con peceras, ladridos o pájaros cantando en la sala de espera”, dicen.

Todo a su gusto

Los gatos tienen una forma distinta de expresar el dolor. Mientras que los perros mueven la cola si están contentos o se quejan y hacen muecas si algo les pasa, identificar cuándo un felino sufre un problema “es mucho más complicado”, informan. Por eso, es importante prestar atención a señales de alarma. “Si están nerviosos o se pasan más tiempo del habitual en el arenero, hay que sospechar, pero de todas formas, lo más importante es la prevención”, advierten.

Victoria María Margni y Diego González enseñan los espacios donde los gatos quedan hospitalizados. Patxi Cascante

Cada rincón de la clínica de Victoria y Diego es Cat- Friendly. La adaptación para felinos va desde los materiales del mobiliario hasta el olor de las estancias. De esta manera, la sala de espera es de un color verde suave que, mezclado con la madera, es más agradable para estos animales. Al mismo tiempo, las luces tienen una calidez e intensidad respetuosa con la vista de los gatos, y en todas las estancias hay unos recipientes con feromonas agradables para el olfato felino. 

Incluso las mesas de quirófano son respetuosas con estos animales ya que la clínica ha decidido prescindir del acero inoxidable, “un material frío y desagradable para ellos”. Los espacios donde estas mascotas quedan hospitalizadas también están cuidados al detalle. “Tienen luz, calefacción, las dimensiones adecuadas y un lugar donde pueden esconderse”, exponen. Estas condiciones aseguran una experiencia veterinaria agradable para las mascotas, que además, no tendrán que cruzarse con otras especies que las estresen.

El equipo veterinario

Dentro del personal que trabajaba en BetterVet “había algunos que eran team felinos”, revela Diego, con lo que, a la hora de poner en marcha la otra clínica, en lugar de buscar nuevos profesionales, los que ya trabajaban con la pareja se formaron en este ámbito concreto para dar un trato lo más especializado posible. Generalmente, explican, las atenciones que realiza el equipo veterinario son obstrucciones por comer algo indebido, problemas en gatos no esterilizados o felinos que se precipitan de balcones. “Hemos tenido casos de gatos que han sobrevivido tras precipitarse de un octavo o noveno piso”, recuerda Diego.

La sala de espera de la clínica BetterCat, con la luz, los colores y las feromonas agradables para felinos. Patxi Cascante

Los clientes están recibiendo muy bien la iniciativa, sobre todo, aquellos que ya confiaban en el equipo veterinario de BetterVet y que ahora cuentan con un local donde el bienestar de sus gatos está garantizado.

Para Diego, que viene de una profesión completamente distinta, supone un gran orgullo haber emprendido un negocio así. “Me quedé cautivado por el amor de Victoria hacia la veterinaria y por que existiera la posibilidad de hacer algo tan positivo y satisfactorio”, cuenta. La pareja, que lleva ya 30 años tratando con pequeños animales, ha montado tres clínicas en Navarra desde que traspasaron la que regentaban en Buenos Aires. Después de poner en marcha la de Lezkairu y la de Pamplona, el matrimonio y su equipo lo tienen todo más que listo para hacer de su idea un proyecto que cambie la forma de cuidar a los felinos.