Hace un par de meses, los responsables de la cafetería Taberna de la calle Badostain denunciaban en estas mismas páginas el vergonzoso estado del suelo frente a su local. Hoy escribo yo, como vecina y clienta diaria, para decir que sigo suscribiendo cada una de sus palabras y que, por desgracia, el Ayuntamiento del Valle de Egüés sigue sin mover un solo dedo.
El otro día, sin ir más lejos, presencié lo que todos nos tememos que acabe en algo peor, una clienta tropezó con una de esas baldosas sueltas y terminó con todo el café encima. Por suerte, esta vez solo quedó en un susto, ropa manchada y el sofocón de la señora. Pero me pregunto, si mañana el que se cae es un anciano y se rompe la cadera, ¿quién se va a hacer cargo? ¿Seguirán el Ayuntamiento y la constructora pasándose la pelota o ahí sí que correrán para lavarse las manos?
Lo de Sarriguren con las baldosas empieza a ser de chiste, si no fuera porque es peligroso. Hay zonas del barrio que parecen un campo de minas. No es de recibo que paguemos una contribución tan alta para que luego las aceras den pena. Y me parece el colmo del cinismo que los responsables de un negocio tengan que pagar religiosamente cada año su tasa de terraza mientras el Ayuntamiento les ofrece un suelo en condiciones tercermundistas.
No pedimos lujos, pedimos poder caminar por nuestro barrio sin ir mirando al suelo para no acabar en urgencias.