Necesitamos aprender de lo sucedido con la DANA. Los reproches y acusaciones sólo polarizan el mundo político, sin aportar soluciones. En catástrofes como la DANA, se requieren respuestas inmediatas y efectivas. Las reuniones y llamadas interminables hacen perder un tiempo valioso que puede marcar la diferencia entre salvar vidas o lamentar pérdidas irreparables.
Asciende a 214 el número de personas fallecidas por la DANA, la gran mayoría en la Comunidad Valenciana
El ejecutivo nacional debería liderar un protocolo de actuación unificado que movilice los recursos humanos y materiales de manera eficiente, en función de la magnitud de la tragedia. Cada minuto cuenta, y cada segundo perdido puede traducirse en vidas humanas. Este protocolo debe también garantizar asistencia económica rápida a las personas y negocios afectados, asegurando una respuesta coordinada.
Es fundamental que el gobierno de turno presione a la UE para que los fondos de ayuda se activen de forma ágil, sin burocracia. Tenemos la oportunidad de aprender de los errores del pasado y corregirlos sin que las ideologías políticas interfieran. Se trata de salvar vidas, no de intercambiar dimes y diretes.
Esta situación podría ser una oportunidad, como lo fue la Ley ELA, para establecer un marco de actuación constante e independiente del color político del gobierno. Debemos anticiparnos y estar preparados para futuras catástrofes: no solo para inundaciones, sino también para incendios forestales y olas de calor, para afrontar un cambio climático que causa cada vez más daños. En un escenario ideal, las cumbres climáticas deberían dar lugar a un protocolo de actuación conjunta y universal. ¿Es pedir demasiado un plan de acción común que priorice la vida humana sobre intereses políticos?
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