Dada la situación política actual, más dada a desencuentros y polémicas que a acuerdos, deberemos felicitarnos porque en Pamplona se haya llegado a un acuerdo entre fuerzas políticas diversas sobre el tema del dichoso edificio de Los Caídos, incluso personalmente me parece relativamente novedoso y valioso que fuerzas tradicionalmente maximalistas o poco flexibles ahora expongan ese acuerdo como algo “políticamente realista” ya que, dado el galimatías jurídico que puede suponer el derribo del edificio, esa solución de resignificarlo sea la postura más eficaz. Muchas veces de eso se trata la política, lograr cambios aunque no sea plenamente satisfactorios.

No obstante, quiero manifestar que es triste que todo ello, aun siendo valioso, haya servido para adoptar la postura de disimular un símbolo terrible como ese edificio y ante el que, personalmente, creo que no cabe otra opción que su derribo y abrir la ciudad en esa zona.

Un sabor agridulce que, además, me temo, no cierre la herida que supone ese edificio y así durante mucho tiempo, aunque se resignifique, siempre esa zona será Los Caídos y se demandará su derribo.

Ya pasó con el intento de disimulo que hizo Yolanda Barcina con Conde Rodezno de triste memoria llamándolo Condado de Rodezno, aunque afortunadamente ha sido sustituido por la actual plaza de La Libertad, aunque me temo que todavía muchas personas seguirán llamándola Conde Rodezno, no siempre es fácil borrar huellas terribles y si se mantiene el edificio, aunque tuneado, lo veo imposible.

En definitiva, que siempre quedará pendiente su eliminación.