Una cosa es cine religioso relacionado con algún texto revelado, en la línea de películas archiconocidas como Los diez mandamientos o La pasión de Cristo, y otra muy distinta pero complementaria, el cine religioso indirectamente relacionado con la revelación cristiana, como Roma, ciudad abierta o Rompiendo las olas. En el primer caso, asistimos a la representación de algunos acontecimientos que reproducen instantes de la llamada historia sagrada de nuestra tradición religiosa, y en el segundo descubrimos elementos espirituales o teológicos cristianos inmersos en el devenir del film.
Algunos ejemplos del cine implícitamente evangelizador son la durísima Mystic River, de Clint Eastwood, donde pone de manifiesto la oscuridad del pecado humano y sus tremendas consecuencias; Las invasiones bárbaras, del director canadiense Denys Arcand, documento estremecedor sobre la desvalorización de una sociedad ultradesarrollada e invadida por determinaciones amorales, pero latente una pizca de compasión típicamente cristiana. Recordamos Monster, La mala educación, Ciudad sin Dios y la bellísima El oficio de las armas de Ermanno Olmi, que es una llamada urgente al honor, a la dignidad y hasta a la misma fe.