El pasado sábado día 3 desayunamos con la noticia de que Donald Trump había detenido al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Llevaba días lanzando mensajes. El señor Maduro creo que pensaba que no iba a cumplir sus amenazas, craso error, le acusa de narcotraficante y torturador.
Al señor Trump, creo que lo que menos le importaba era la situación de Venezuela y el bienestar de los venezolanos. Lo que ha dicho es que se quiere quedar con el petróleo -Venezuela es el país con mayores reservas de crudo- del mundo. No hay que olvidar que Trump, ante todo, es un empresario y, como tal, se ha fijado en todos los países que tienen recursos, el próximo va a ser, al parecer, Groenlandia, que tiene muchos recursos naturales, pero el problema es que pertenece a Dinamarca, un país que pertenece a la Unión Europea, a la OTAN.
Al presidente de EEUU, como se ha visto al detener a Maduro, no se le pone nada por delante y se salta continuamente la legalidad internacional y no tiene nada de respeto a Europa. Ayer imitaba cachondeándose del presidente de Francia, conoce las debilidades del viejo continente, sus divisiones, su desventaja en defensa, dependemos de EEUU, etcétera.
A Trump se le ve que va a seguir haciendo lo que quiere, sin ningún tipo de límite, hasta esto hemos llegado y eso se veía venir y como se suele decir “que Dios nos coja confesados”.