El motivo del presente escrito es aportar unas informaciones en respuesta a la carta que Ana Flamarique Goñi publicó el pasado jueves en esta misma sección.

El inmueble al que la Sra. Flamarique se refiere es la casa parroquial, que fue inscrita en el Registro de la Propiedad a nombre de su propietaria, la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Biurrun, en mayo de 1931, es decir, en tiempos de la II República, no en época de Aznar.

No es cierto que la Iglesia se haya negado a tratar con el Ayuntamiento la cuestión del destino de la casa. Es más, el 13 de mayo de 2010 se firmó con el propio concejo y el Ayuntamiento de Biurrun un acuerdo por el que se les cedía la casa a cambio de que la rehabilitaran y dejaran para la parroquia únicamente un local arreglado de 40 m2 en planta baja. Aparentemente, un buen acuerdo, con el cual se daba cara a un inmueble necesitado de intervención y salían beneficiadas todas las instituciones implicadas, así como los vecinos y feligreses.

Sin embargo, tras casi una década en que la casa permaneció en posesión municipal sin ningún tipo de alquiler o aportación a la parroquia, la rehabilitación no llegó nunca. Además, el ayuntamiento cerró este período de posesión de la casa con un requerimiento (14 de noviembre de 2019) al Arzobispado por el mal estado del inmueble, que debía haber restaurado el propio ayuntamiento. A esto se añadió posteriormente una multa (17 de marzo de 2022) por haber entregado tarde un papel, después de realizadas las reparaciones requeridas.

Tras esta triste experiencia, se ha optado por vender la casa a un particular. Esta venta, cuyo fruto pertenece a la parroquia de Biurrun, no está motivada por un capricho o por un deseo de acumular dinero, sino por las necesidades que presenta actualmente el mantenimiento de la iglesia parroquial, empezando por el peligroso estado de la tarima.

Si precisa de más aclaraciones, quizás podamos hacerlo en algún encuentro personal, por ejemplo en la despedida oficial que la parroquia va a hacer a D. Jesús Mari, el párroco de Biurrun, que, después de diez años de abnegado servicio, se retira para descansar y cuidar de su salud.

*Administrador diocesano