50.000 mujeres asesinadas, ¿cuántas más hacen falta?
En este 8 de marzo, las palabras del Alto Comisionado de la ONU deberían sacudir nuestras conciencias: la violencia contra las mujeres se ha convertido en una auténtica “emergencia global”. En 2024, unas 50.000 mujeres y niñas fueron asesinadas en el mundo, en su mayoría a manos de familiares, lo que revela que el lugar que debería ser más seguro sigue siendo, para muchas, el más peligroso.
Casos como los de Gisèle Pelicot en Francia o Jeffrey Epstein en Estados Unidos exponen un patrón inquietante: sistemas que silencian a las víctimas, protegen a los poderosos y normalizan la explotación sexual. No hablamos de episodios aislados, sino de una estructura de impunidad que se reproduce dentro y fuera de nuestras fronteras.
A ello se suma otra violencia más silenciosa: la económica. La brecha salarial en España se mantiene en torno al 20% y las mujeres siguen concentradas en empleos precarios y a tiempo parcial, pese a soportar la mayor carga de cuidados no remunerados. Mientras ellas sostienen el bienestar invisible, su independencia económica continúa en entredicho.
En este contexto, convertir el Día Internacional de la Mujer en una simple efeméride complaciente es una forma más de negación. ¿Para cuándo cumplir las leyes existentes, garantizar protección y justicia efectiva para las supervivientes y abordar en serio la desigualdad salarial? No faltan diagnósticos; falta voluntad política para que ninguna mujer tenga que elegir entre su vida y sus derechos.