La tradicional fiesta de Moros y Cristianos se ha adelantado este año al partido de fútbol amistoso celebrado el 31 de marzo en el estadio de Cornellá entre las selecciones de Egipto y España.

La afición local de este noble deporte recibió con una fuerte pitada el himno del equipo visitante dejando claro su concepto de respeto y carácter hospitalario para con el equipo rival. Aún lo dejó más explícito cuando, a lo largo del partido, entonó con hidalguía y generosidad “musulmán el que no bote”, gritos que fueron ampliamente secundados por las gradas con alegría y alborozo.

Cabe señalar que los responsables del estadio y de la RFEF, supongo que sintiéndose ligeramente incómodos ante el espectáculo sobrevenido, amonestaron por medio de la megafonía y mensajes en los paneles luminosos del estadio la jovial y espontánea reacción del respetable, haciéndoles ver que eso está muy feo y no se debe hacer.

Falta saber si los jueces del Tribunal Supremo que discreparon de una reciente sentencia que calificó de agresión sexual el acto de cogerle la mano a una desconocida en plena calle, besársela y ofrecerle dinero para satisfacer su apetencia sexual, no calificarían la gracieta de los cánticos xenófobos, considerando a todos los egipcios musulmanes y a todos los españoles cristianos, como una “mojigatería religiosa”. Y si “musulmán” es un insulto ¿”cristiano” se puede considerar un escupitajo conceptual?