Lo que debiera ser un motivo de alegría por haber concluido una etapa dura pero necesaria de la vida, la edad laboral, se convierte en tristeza al perder “todos y todas” a esos referentes que nos hicieron a los demás la vida más fácil.

Y estas últimas jubilaciones, tened por seguro que son una gran pérdida, porque sí, porque habrá otros palos para suplir los viejos, pero nada, ninguna savia nueva -positiva y alegre- suplirá a la anterior.

Y de los que nos quedamos, autónomos y competentes, necesarios, estamos más preocupados por sacar el trabajo adelante que por pensar en acoger a los nuevos como hijos. Porque “a ese se le ve vago”, “a esa, tonta”, “al otro, lento”, y al hijo de mi amiga... “es majo, pero está verde, y yo no tengo tiempo para enseñar”.

Y así nos va, que cuando se jubilan gentes diez, lo sentimos en el alma. Y llegan embriones de futuro y no les hacemos caso, demasiado ocupados en salvar los muebles, que los próximos en jubilar seremos nosotros.

Pues hoy toca rendir un homenaje a quienes nos hicieron el trabajo más fácil. Habituales de las sonrisas y palabras amables, compañeras de remo que nos hablaron de sus hijos y nietos, gentes gozosas que animaron con su saber estar esas tardes tediosas llenas de altas para ejecutar, o esas noches contraproducentes en que se te mueren tres, o aquellas mañanas perdiendo el zueco aseando y pesando, y midiendo y encremando, y limpiando ombligos y cortando uñas ¡a todos! porque hay que estar a la altura y no hay tiempo ni de respirar.

Y así os lo digo. Muy seguro de que la vida con las jubilaciones cambia, y no para mejor: se pierden gentes que valen un potosí, que decía mi madre. Y nadie las suple. Primero porque al jefe del servicio no le importa; luego porque a la supervisora, que sí, no puede hacer nada; las negociaciones sindicales, y más en campaña, cerraron esa puerta. ¿Y quién queda? Nadie para acompañar tan largo viaje. Una vida trabajando y bien.

Pues en esta vida complicada, estaremos, tras la marcha de ellas, con ellas, nosotros. Los que sentimos su calor y hoy lloramos su marcha, aunque nos alegremos. Digo. Contento de poder ir para poder estar junto a ellas...