En los últimos cuatro años he trabajado como naranjito: dos en vigilancia de vallado en la vuelta del Castillo y otros dos en el quiosco junto a la iglesia de San Lorenzo. Este año también pretendía hacerlo, pero un ordenador, un sistema informático y recursos humanos del ayuntamiento me lo han impedido.

Bien es cierto que fue mi culpa no haber respondido a la convocatoria de la lista de 2023 (estaba en ella con plaza asegurada). Me di cuenta al día siguiente de terminar el plazo para apuntarse. Fui a la oficina de la calle Zapatería el 23 de junio y se me dijo que aquello no tenía vuelta de hoja, pero que esperara a la apertura de la lista de 2026 porque con la lista anterior no se iba a cubrir todo. En el examen para esta lista -9 de mayo pasado- quedé el primero con 92 puntos, aunque aplicado el euskera y otros baremos bajé al undécimo puesto. Esto no era problema porque, según se me indicó el día 25, “todavía quedan unas 50 plazas por cubrir”.

Con la esperanza aún abierta espero la convocatoria y esta no llega. Vuelvo al día siguiente a la oficina y se me dice que la oferta “se lanzó ayer” pero que a mí no se me mandó porque el sistema interpreta que “al no responder a lo de 2023” no ha lugar darme oportunidad en la de 2026. Repito que quedé primero en el examen y que desde el primer momento indiqué en el ayuntamiento mi interés por algún puesto. Nada que hacer. En resumen: impotencia total, sin el trabajo (estoy desempleado) y con sensación de absoluta injusticia