Delfín con modos de tiburón. El canterano regionalista Sergio Sayas (Buñuel, 31 años) afiló sus colmillos políticos cuando se vio como alcalde de UPN en Berriozar tras las elecciones municipales de 2007. La realidad de los pactos le recetó una molesta ortodoncia para enseñar los dientes desde la oposición. Ni siquiera le valió que el PSN de Berriozar se excluyera de antemano de los acuerdos locales con NaBai. Ni aun así. Como secretario de Comunicación de UPN, Sayas aprieta al PSN y le conmina a rechazar de plano pactos con los nacionalistas. Con dos ideas claras: "La única alternativa a un Gobierno de UPN es un Gobierno con nacionalistas", y Roberto Jiménez "no puede hablar de cambio progresista, cuando lo que realmente quiere decir es cambio nacionalista". Tuvo otra idea clara, que hubo de meterse en el forro de sus convicciones personales: "Para mí, las uniones homosexuales sí son familia", pensamiento inaceptable en el credo conservador de su partido. Sergio Sayas defiende el voto informado: "Los ciudadanos tienen derecho a saber qué escenarios se plantean los partidos al día siguiente de las elecciones". Esa exigencia de claridad la dirige al PSN en lo tocante al nacionalismo vasco, pero no la considera de aplicación a UPN y a su posible disyuntiva entre PPN y PSN: "eso lo decidirán los ciudadanos". En un caso, colmillo de tiburón; en el otro, contorsión seductora de delfín. Mentira de alevín adoctrinado en la ikastola de Juventudes Navarras. La democracia representativa es tan pobre que el ciudadano se limita a introducir la papeleta en la urna. Después, su voto es mercancía de trapicheo. ¿Acaso supieron los votantes de UPN en 1983 que su voto podría haber contribuido a la proclamación de un alcalde del PNV en Pamplona para neutralizar la continuidad de un alcalde socialista? ¿Hubiera sido un cambio progresista o nacionalista? ¿Acaso supusieron que sostendrían a Zapatero aun a costa del pacto con el PP? ¿Acaso contribuye a la dignidad de las instituciones que cargos como la presidencia del Parlamento, el senador autonómico, la Cámara de Comptos, el Defensor del Pueblo, la Mancomunidad sean objeto de trueque político? Los ciudadanos sólo deciden la composición del Parlamento y de los Ayuntamientos. A partir de ahí, el sentido profundo del voto corre serio riesgo de manipulación. El voto es secreto, pero, salvo feligresía ciega, no es incondicional. Díganos Sergio Sayas en nombre de UPN, si tiene honestidad y coraje: ¿cuál sería la preferencia en pactos postelectorales si con ambos salieran las cuentas para gobernar: con PPN o con PSN?; y si no salieran con el PPN, ¿apoyarían un gobierno en solitario del PSN antes de que se abrazara al nacionalismo vasco? Cinismo para exigir. Cobardía para contestar.
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