la violencia ha diseñado el mundo. Guerras e invasiones dibujan fronteras. Los grandes cambios geopolíticos tienen el patrocinio de las armas. Desde las flechas hasta las nucleares. Esa tendencia histórica sigue vigente. La fuerza de los gobernantes se ampara en última instancia en su capacidad de persuasión armada. La esperanza de los disidentes más irreductibles o desesperados radica también en empuñar lenguas de fuego competitivas. La paz nace de la aceptación de una derrota, del reconocimiento de una supremacía. La paz en armonía se llama democracia. La paz con sometimiento se llama dictadura. El armisticio entre democracias y dictaduras se llama negocio. Navarra es tierra conquistada. Mañana comienza en Pamplona un congreso sobre la conquista e incorporación de Navarra a la Monarquía de España. Lo organiza el Gobierno foral en colaboración con el Ministerio de Cultura. El año que viene se cumplirá el quinto centenario de la victoria del Reino de Castilla sobre los últimos defensores de la independencia de Navarra, recordados en un monolito erigido en Amaiur (Maya de Baztán). Este congreso internacional se propone "repensar serenamente sobre aquellos sucesos", desde un contexto actual de integración europea y de globalización. El apelativo manido de suceso parece mermar entidad e intencionalidad a la trascendencia del hecho histórico. Los promotores del congreso resaltan la necesidad de "contextualizar y comparar", porque "la conquista de 1512 solo puede explicarse en el mundo social, mental, económico e institucional en que se produjo". Con esa mirada, los conquistadores bélicos de entonces parecerán precursores y visionarios de futuras unidades políticas y mercados interconectados. Conferencias, mesas redondas, exposiciones y publicaciones, así como próximas líneas didácticas, culturales y turísticas: de la extremeña Ruta de los Conquistadores a la navarra ruta de los conquistados. El presidente Sanz defiende el rigor científico como terapia contra "simplificaciones excesivas" (mensaje al nacionalismo vasco) y la ministra González-Sinde desaconseja el debate de identidades. Sanz aplica a la derrota y consiguiente anexión un principio consolador: no hay mal que por bien no venga. Escribe: "A raíz de este suceso, se modernizaron distintas estructuras de nuestra tierra, numerosos navarros asumieron responsabilidades en la corte y participaron en la gran aventura americana". Apela asimismo al consuelo de tontos, al comparado: "Lo ocurrido en Navarra se entiende mejor si consideramos que también en Bretaña y en Borgoña, en Irlanda y en Gales, en Nápoles y en Lombardía, hubo procesos semejantes". Les podríamos vender una idea rentable: hacer del extinto reino una marca turística. Como aquí: Reyno de Navarra.
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