Fiesta del Trabajo. Tener trabajo es para festejarlo. Si estable y de calidad, para tirar cohetes. Hoy, el trabajo no es una fiesta ni para jóvenes buscadores del primer empleo ni para becarios e investigadores ni para las mujeres sin empleo o empleadas en condiciones discriminatorias ni para los eventuales ni para los contratados a tiempo parcial ni para las víctimas consumadas o en proyecto de los ERE ni para los parados de larga duración ni para los parados mayores de cuarenta años ni para el empleo sumergido y explotador ni para los emigrantes abocados al retorno ni para los autónomos ni para los contratados laborales de las administraciones públicas ni para los funcionarios de los niveles inferiores. Con un 20% de paro en España, 42.000 parados en esta pequeña comunidad, recortes salariales y congelación de pensiones, la Fiesta del Trabajo es un escarnio. Como cuando una nutrida representación del mundo del trabajo agasajaba al dictador Franco en el Santiago Bernabeu con una demostración sindical folclórico-deportiva. Las demostraciones sindicales actuales consisten en acciones de desunión en lugar de unidades de acción, manifestaciones poco concurridas, mítines sin pasión revolucionaria y almuerzos a mesa puesta. La codicia del capital, la desregulación financiera y el monstruo depredador de los mercados multinacionales han mermado mucho las conquistas laborales y sociales en la Europa desarrollada. Los países emergentes todavía no las conocen. Están aún en fase de producir mucho y barato, a costa de una mano de obra paria. Ahora son unos países; cuando convenga, serán otros. Queda mucha población de tercer mundo por explotar. Un ejemplo: el oro blanco del campo navarro. Espárrago cultivado en China -suelo y condiciones climáticas similares a las mejores plantaciones navarras-, sale más rentable que el autóctono tras su producción, transporte naviero y comercialización. ¡Cojonudo!: el espárrago y el negocio. Con aquellas condiciones laborales de cultivo y elaboración, comérselo resulta indigesto para la moral. La legislación del trabajo tendente al fomento del empleo (incorporación de jóvenes, equiparación de sexos, relevo generacional, mayores de 40 años) resulta manipulada por la patronal para mayor gloria de su cuenta de resultados. El aumento de los beneficios empresariales no disminuye la sangría de los despidos. La prolongación de la edad de jubilación es compatible con tempranas prejubilaciones. La culposa crisis financiera no exime de escandalosos sueldos, primas y retiros en el sector. China siente simpatía por España e inyectará dinero para la solvencia de bancos y cajas. Ya sabemos lo que nos espera: trabajar como chinos. Así, hoy no puede ser la Fiesta del Trabajo. Hoy, sólo es domingo.
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