1) Una Constitución concebida por confabulación del miedo y de la prudencia, sacralizada como intocable a pesar de sus reconocidas imperfecciones. 2) Ley Electoral injusta (multiplica la representación de los partidos mayoritarios) y discriminatoria (no vale lo mismo el voto de todos los ciudadanos). 3) La pertinaz y egoísta resistencia de los partidos mayoritarios a la corrección legal de esa flagrante y admitida desigualdad. 4) Una regulación sectaria del acceso a los medios públicos de comunicación en campaña electoral. A favor de las mayorías, arrincona a las minorías y a las nuevas ofertas. La libre competencia electoral, inexistente. 5) La persistencia de las listas cerradas -defensa férrea del gobierno de los partidos-, refugio servil de mediocres leales, dictadura del líder interno y tenso reparto en las coaliciones. El ciudadano vota una lista, no a los listos (en el sentido de competentes, trabajadores y honestos). Las listas abiertas ni siquiera se estrenan y entrenan en la política más cercana -local y autonómica uniprovincial-, donde todos nos conocemos. Al menos, elección directa de alcaldes. El alcalde o la alcaldesa de la mayoría social, aunque luego tuviera que gobernar con un consejo plural y voto ponderado. 6) La inclusión de candidatos implicados judicialmente en presuntos delitos, de nombres incursos en irregularidades administrativas comprobadas, de políticos corresponsables morales en casos de corrupción, de tránsfugas al servicio de su ambición. 7) La tolerancia del votante con los escándalos de corrupción y con la mudanza de los principios ideológicos. 8) La ornamental falsedad de las frases electorales: rutina de mítines, cacareo en comparecencias informativas, lemas en los folletos de propaganda. 9) La tibieza de las tertulias electorales -con aislados ribetes de debate- y la exclusión cobarde de posibles rivales dialécticos. 10) La falta de límite en el número de legislaturas consecutivas como electo en instituciones públicas. 11) La escandalosa adición de sueldos públicos y dietas. 12) La estratégica y manipuladora ocultación de tendencias de pacto para el día después. Su anuncio podría modificar el voto de algunos ciudadanos. 13) La carencia de autocrítica en la gestión y el cínico descaro en la negación de actitudes y hechos palmarios. 14) La falta de austeridad en el número de cargos -electos y sobrevenidos- y en los criterios y comportamientos relacionados con el gasto. 15) La ausencia intencionada y culposa de explicaciones y de asunción de responsabilidades para que Navarra haya pasado del superávit al endeudamiento económico, y de los laureles de solvencia autónoma a la inviabilidad de su entidad financiera autóctona. 16) Consecuencias: desconfianza y desapego. Indignación.