El Parlamento de Navarra, con el respaldo del Ayuntamiento, de la Cámara de Comercio y de las asociaciones de comerciantes y de hosteleros de la capital, quiere que Pamplona sea la ciudad de salida de la Vuelta Ciclista a España 2012. La iniciativa ha partido del PSN-PSOE, así que la primera etapa tendrá que ser llana porque ese partido no está para muchos repechos. Y quizá en septiembre de 2012 tenga más sentido que promueva una competición de submarinismo en profundidad, después de las forales-municipales y, para entonces también, de las generales. El asunto estaría hablado de antemano con la dirección de la prueba. Estas pretensiones no pueden nacer condenadas al fracaso. La inclusión de Pamplona en el calendario de la principal ronda ciclista española, así como la idea de que la Roja dispute algún encuentro de fútbol en el Reyno de Navarra, no pueden ocultar la intención de exhibir normalización en la situación sociopolítica de la Comunidad Foral. Navarra es España: éste es el fondo inspirador. Además, puede haber argumentos de negocio. El criterio de los organizadores, sin embargo, no es patriótico sino económico: la selección española de fútbol cobra por jugar y la Vuelta cobra por pasar. La elección de campos y carreteras la determina el dinero. Los ciclistas han llegado a darse buen tute por territorios desolados para enlazar dos municipios que habían comprado sendas metas volantes. Mejor con seguridad y sin actitudes hostiles y aún mejor con entusiasmo social, pero nada sin dinero. Que el importante gasto sea oportuno en tiempos de recorte en la inversión pública productiva es discutible. Que la inversión vaya a ser rentable sólo se sabrá a cinta cortada. La verdad es que el proyecto trata de estimular el gasto en turismo y ocio, concepto superficial y prescindible en el desembolso pecuniario de individuos y familias en tiempos de crisis. La vuelta española ha perdido pujanza como espectáculo con su traslado al final de la temporada de grandes rondas internacionales y la consiguiente repercusión en el plantel de figuras y equipos. Su influencia como escaparate turístico es menor. Podrían programarse actividades complementarias sugestivas, como una prueba nocturna por la ruta de pavés del Casco Antiguo (pincho para el que pinche), una cronoescalada del encierro desde los corralillos del Gas, y una carrera de persecución por el carril bici entre los líderes de los equipos (premio especial a la habilidad en tramos-ginkana). El premio de la desgracia lo tiene asegurado el extinto CDN, que llegó fuera de control en la última competición foral. En el control de avituallamiento, el PSN a menos fuerza más ambición cogerá el mayor número posible de cargos institucionales. A rebufo de la rueda buena.
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