NO entiendo eso de acercar Arantzadi al ciudadano. Por ahí pasean,practican deporte y trabajan a diario centenares de pamplonesessin ninguna necesidad de que nadie se lo acerque. No entiendoeso del centro de interpretación de la horticultura. En Arantzadiya hay huertas, que no precisan de ningún centro ni de ningúnmontaje para ser interpretadas, porque están ahí, a la vistade todos. No entiendo lo de tener que gastar 10 millones, conla que está cayendo, en algo de beneficio más que discutible,por mucho que una parte de ese gasto vaya a ser sufragado porEuropa. ¿Por qué cambiar lo que ya está bien? ¿Para qué alterarlo que ni puñetera falta hace? ¿A santo de qué gastar dineroen embellecer lo que ya de por sí es bello? Me resulta extrañoel afán del Ayuntamiento de esta capital para ordenarlo todo,urbanizarlo todo, ponerlo todo limpito y civilizadito, hacerque todo sea como el agua del grifo o el campus de la Universidaddel Opus, inodoro, insaboro, incoloro e insípido. Pongamos uncésped muy mono donde la hierba crece libre, primorosos tulipanesdonde había cardos, piedra pulida donde se enroscaba la hiedray se adhería el liquen. Hay partes de nuestra más cercana geografíaheridas irremisiblemente por ese afán de pulcritud en el sentidomás nuevo rico y bobo del término. No ha sido ajeno a esa políticael nefasto paso de Barcina por la alcaldía. Para dirigir losdestinos de una ciudad no hace falta estar vinculada a ella poraccidentes como la sangre y el nacimiento, pero sí tener al menosun mínimo de apego sentimental por sus gentes y sus rincones,del que esta buena señora ha demostrado sobradamente carecer.Resulta un poco descorazonador observar cómo ese estilo, innecesariay despiadadamente intervencionista, ha hecho escuela más alládel arco ideológico de la actual presidenta del Gobierno foral.A mí Arantzadi me gusta como está. Y a poder ser, como su propionombre indica, con espinos.
- Multimedia
- Servicios
- Participación