Castilla, Andalucía, Canarias? No se fueron más lejos porque los límites del Estado no daban para más. Su hubiera habido alguna posibilidad de unir Cajanavarra con alguna entidad mozambiqueña o taiwanesa lo habrían hecho sin dudar. Cualquier cosa antes de hacerlo con esas que, cualquier persona entendida en la materia a la que no le pudieran las vísceras o la ideología, hubiera considerado -y sigue considerando por lo bajo- su salida natural: las cajas vascas. Crearon así Banca Cívica, un engendro contra natura, mal dirigido y peor gestionado, donde hoy la antigua Caja supone un apéndice ínfimo y desvalorizado económicamente, con unos centros de decisión a centenares de kilómetros de la Comunidad Foral. Eso, sin entrar a hablar de los costes laborales de la operación, todavía por venir. Había que evitar como fuese que "los vascos tomaran decisiones sobre Navarra". Importaba menos que las tomasen castellanos, andaluces, canarios o de donde fuese. Lo que han hecho UPN y PSN con la Caja recuerda a lo del aldeano que prefirió darle fuego a la chopera antes de que su vecino tuviera voz sobre ella. Ahora viene la segunda parte que va a acabar siendo la más interesante. Hasta la semana pasada parecía ya casi un hecho que la Caixa catalana se iba a hacer con el invento cívico formando un ente donde la participación navarra quedaría reducida al de una molécula. En estas, llega el vicepresidente del Gobierno Foral, el socialista Roberto Jiménez, y suelta que prefiere que Banca Cívica una sus destinos con la aragonesa Ibercaja. ¿Por qué? Por "mantener las esencias" de Caja Navarra y porque "Aragón está más cerca que Cataluña". Ni las esencias ni la cercanía importaron demasiado en el momento de dar luz verde a un proceso que, a la postre, no ha traído más que el desmantelamiento de la Caja. Tiene narices el tema. Después de dar la vuelta al mundo es posible que las cenizas de la chopera se las acaben llevando nuestros hermanos aragoneses.
- Multimedia
- Servicios
- Participación