El domingo los alaveses decidieron que el PP obtuviera cinco escaños y, en consecuencia, que María del Mar Blanco no les representara en el Gobierno Vasco. Así funciona la democracia. El lunes Antonio Basagoiti hizo pública su intención de regalarle el puesto, y para ello pidió ayuda a sus compañeros elegidos. El martes todos ellos se aprestaron a cederle el acta para que de ese modo estuviera en el Parlamento. Ayer ella, la hermana de Miguel Ángel Blanco, fue nombrada presidenta de la AVT. Ignoro si aún sigue en pie el deseo de hacerla diputada pasando por encima del éxito de sus cinco colegas y la voluntad de cientos de miles de vecinos.
Siendo indiscutible la infinita injusticia de sufrir el asesinato de un familiar, cabe debatir acerca de lo que ese drama aporta a la hora de elaborar presupuestos y leyes. El PP igual considera vital la presencia de un símbolo o recordatorio de las tumbas, más allá de su aptitud para el cargo. O tal vez estime oportuna la elección de alguien que representa a un sector que conviene mantener dentro del partido. O es posible que vea justo ofrecer una salida económica a quien ha padecido tanto dolor. Quizás incluso pretenda convencernos de que María del Mar Blanco, dados sus méritos académicos o laborales, sin duda sería parlamentaria aunque no hubiesen matado a su hermano. Sea cual sea la razón para incluirla en una lista electoral, uno creía que la última palabra es del pueblo libre y votante. Qué va.
Con ese sectario chalaneo ningún favor se le hace a una sociedad asustada, empobrecida y necesitada de buenos dirigentes. Tampoco se le hace favor alguno a la clase política, que así muestra cómo respeta el veredicto de las urnas. Y, por último, nulo favor se les hace a las propias víctimas del terrorismo, elevadas a un estatus, y a un marrón, que ni ellas ni la gente merecen. ¿Imaginan a una viuda de Hipercor legislando, por su trágica condición, sobre el IRPF? Suena crudo, pero es eso.