va ser como en los mejores documentales de La 2. El viejo antílope, o lo que queda de él, yace muerto en medio de la sabana. Leones y leopardos ya se han dado lo mejor del festín y se retiran con la tripa llena a dormitar bajo las ramas de una acacia. Es el turno de hienas, chacales y buitres. Bandadas de carroñeros dispuestos a devorar hasta el último pedazo de carne de la presa y dejar sus huesos mondos y lirondos brillando bajo el sol africano. No hace falta ser Rappel para saber que hoy, cuando los informativos de radio y televisión hablen del funeral de Nelson Rolihlahla Mandela, o mañana, cuando lo hagan sus compañeros impresos, serán mayoría los que ensalcen la reunión de tan amplia y tan variopinta selección de mandatarios en torno al cadáver del extinto líder sudafricano. "Madiva reúne a amigos y enemigos" titularán -o algo parecido- para glosar cómo el anciano luchador contra el apartheid habrá hecho el milagro de juntar en la misma grada al estadounidense Obama con el cubano Raúl Castro, al británico Cameron con el presidente de Zimbawe Robert Mugabe o con su homólogo iraní Hasán Rohani. No faltarán quienes subrayen el despliegue americano: además del actual titular, parece que dos expresidentes más -Bush y Clinton- se han esforzado para estar en la foto. Sin olvidarnos de que los ciudadanos y ciudadanas de este estado vamos a estar representados al máximo nivel. Nuestro convaleciente monarca, tan amante de África él, se queda en casa, pero su hijo Felipe acompañará al mismísimo Rajoy en la bacanal. Diplomacia e hipocresía han ido secularmente de la mano. Incluso sabiendo eso, produce arcadas el paripé de toda esa gente que no está dispuesta a sacar una sola conclusión aprovechable de la vida del antiguo preso de la isla de Robben. Gente que se cisca todos los días del año en todo lo que Mandela representaba de bueno y justo.
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