Es ley de vida, puro axioma deportivo: según se va acercando el desenlace de la Liga, la crispación va in crescendo. Demasiadas cosas en juego, sobre todo en la parte baja de la tabla, porque todo descenso es un drama no solo deportivo, sino económico y hasta social. Y con tantos equipos viéndole este año las orejas al lobo –qué tranquilidad le da a Osasuna el colchón de 7 u 8 puntos del 18º–, no solo es una crispación intensa sino también extensa, con hasta nueve clubes mirando una y otra vez la clasificación, y el calendario que queda, y a ver qué nos pronostican las IA (o lo contrario de lo que diga Tomás Roncero), y a ver cómo llegamos a 42 con esta banda. Porque ésa es otra, la de aficionados de tantos clubes lamentándose de lo poco que juegan los suyos, cuando esto nunca ha sido cuestión de bordarlo sino de encontrar tres equipos peores que el tuyo, que es muy diferente.