El PSOE es como el mentiroso compulsivo. Como el infiel reiterado. Como el yonqui irremediable. Lo ha hecho una, dos y tres veces, y lo volverá a hacer. Su destino es apuntalar una situación de la que dice que abomina, pero en la que se siente cómodo. Insistir en una estrategia de complicidad y alianza con esa fuerza política es perder tiempo y energías. Admitámoslo de una maldita vez: en Navarra, el cambio sin el PSN es muy difícil. Pero con el PSN es imposible. Aceptado eso, obremos en consecuencia y empecemos a preparar la cita con las urnas del año que viene. Con líderes de capacidad de atracción probada, pero también con caras nuevas a su lado. Personas preparadas, honradas, con competencia para decir y proponer cosas interesantes. Con un programa atractivo e ilusionante no sólo para los de siempre. También para toda esa gente que alguna vez creyó en el tinglado y que hoy está desencantada, escandalizada, enfadada. Gente no necesariamente nacionalista. Gente no necesariamente de izquierda. Gente que lleva a sus hijos a modelos educativos sin euskara. Gente que no sabe y/o no le importa lo que ocurrió en 1512. Gente para los que Donibane Garazi no es más que Saint-Jean-de-Pie-de-Port. Gente a la que no fusilaron a su abuelo en 1936. Gente a la que ni antes de morir Franco le pareció nunca que lo de ETA tenía un pase. Gente a la que la palabra socialismo le ha resultado siempre ajena. Gente que continúa recibiendo su nómina y a la que no le han recortado prestaciones. Gente que no se siente fuera de lugar en una misa dominical. Gente que nunca irá a una manifestación por el derecho a abortar, ni contra le ley Wert, ni contra la corrupción. Gente que, a pesar de todo ello, está harta, muy harta de lo que ve todos los días. Si se empieza a currar desde ya mismo se puede. Seguro que se puede.